lunes, 23 de junio de 2008

Una Quebrantahuesos "diferente"


Una Quebrantahuesos “diferente”

A finales del año pasado, y tras un intercambio de mensajes en la Ciclolista (un Foro de Internet), unos pocos pirados empezamos a madurar a la idea de hacer una QH especial para fondistas como si de un Brevet de 400 km se tratara, esto es: darle dos vueltas seguidas al circuito.
Mensaje aquí; mensaje allá. Que si mejor salir a tal hora; que si parar en tales sitios; Que si primero la oficial y luego la segunda vuelta; que si primero de noche y luego la oficial;... En fin. La cosa se fue liando, incluso con el inicial beneplácito de un siempre dispuesto Roberto Iglesias –a la sazón, cabeza visible de la organización de la QH-, y en pocas semanas éramos un par de docenas los candidatos a ser analizados con especial detenimiento por el grupo de psicólogos que habitualmente se pasa por el pabellón de inscripciones de la QH.
Pero tan pronto como estas cosas se toman con gran entusiasmo por muchos, como la cosa decae en un olvido desalentador, y al ver que la aventura no iba a poder ser organizada de manera “oficial”, esto es, que no se iba a homologar como un Brevet o Ciclomaratón, muchos se fueron rajando y del tema casi se dejó de hablar.
Pero hete aquí que siempre hay algunos inasequibles al desaliento, y a falta de pocas semanas para la cita, tres valientes mantenían las espadas en alto para intentar la osadía de duplicar la mítica, y para muchos durísima, Quebrantahuesos.
Tres no es un número muy grande, y es difícil casar los horarios, planes y gustos de todos. Si además le sumas que dos eran de Madrid y el tercero (un servidor) es un vasco de esos a los que les gusta ir a su aire, pues finalmente nos encontramos con que de tres personas salen dos expediciones diferentes. Por un lado la madrileña, que iba a salir a las 10 de la noche del viernes en el sentido de la marcha para luego ir por detrás de la misma el sábado (no tenían dorsal oficial); y por otro lado la micro expedición vasca (de Bilbao para más señas, con lo que todo queda explicado), que iba a tomar la salida a las 18:30 en el sentido inverso a la marcha, para llegar antes de la salida oficial con la intención de desayunar y descansar un poco antes de dar la segunda y definitiva vuelta.

Crónica de la 1ª Expedición bilbaina a la QH nocturna

La tarde del viernes a la hora de salir en busca de mi destino hacía mucho calor. Comencé el pedaleo a la hora prevista, tras preparar minuciosamente la bicicleta con dos juegos de luces delanteras y dos traseras y con prendas reflectantes. Además, llevaba algo de comida y un tubo de vaselina pues ya que el forúnculo que arrastro desde hace días me iba a dar por ahí, por lo menos que no me duela.
La subida hacia el Portalet tarda en hacerse notar, así que esos primeros kilómetros son muy cómodos. Tan sólo el calor es molesto, pero a esta hora sabes que no va a durar mucho, aunque empiezas a pensar en lo que será al día siguiente.
El paso del túnel de Escarrilla lo tengo que hacer por fuera, con lo que disfruto de unas vistas que casi ningún participante de la QH ha visto nunca y que me hacen estar satisfecho de este cicloturismo alternativo. Voy contento y con decisión, y me animo al ver que las nubes que en Sabiñánigo amenazaban tormenta han desaparecido.
Poco a poco se me termina el Portalet. Arriba ya no hace calor, aunque tampoco hace nada de frío, y nada más coronar me doy el primer susto del día. Siguiendo mi detallada planificación de la aventura (ya sabéis eso de que cuanto más loca sea la aventura, más cuerdo ha de ser el aventurero), tenía previsto cenar en una de la Ventas del Portalet y comprar un bocadillo para la noche, pero me quedo helado al ver que todas las Ventas de la parte española están cerradas y no se ve un alma. Cuando ya estoy casi pensando en que voy a tener que retroceder hasta Formigal (pues no me atrevo a bajar hacia Francia sin cenar a estas horas y acabar de madrugada apajarado en cualquier rincón), voy al único restaurante que hay en la vertiente francesa y por suerte está abierto.
Ceno como un señor: sopa de verduras, paella, pastel de manzana y un café. Además, me hacen un bocadillo para llevar e incluso aprovecho para ir al servicio con comodidad.
¡Qué placer! Un atardecer bonito en mitad de la montaña, el estómago lleno, la bici a punto y toda la carretera y la noche para mí solo. ¿Qué más se puede pedir?
Cuando comienzo el descenso son las 10 menos cuarto y aún es de día. Es la ventaja de hacer este recorrido nocturno en la noche más corta del año, pues justo esta madrugada es el Solsticio de Verano. Además, según mis cálculos, no tardará mucho en salir la Luna, que está casi llena. La noche perfecta.
Voy bajando cada vez con más ánimo. La poca niebla que había arriba se disipa enseguida, y pongo las luces más por precaución que otra cosa, pues casi hasta que llego a Laruns a las 10 y media de la noche, el crepúsculo me muestra claramente la carretera.
En Laruns me paro a quitarme ropa, pues el frío que pensaba que iba a tener se ha tornado en sofoco y aprovecho para tomarme una coca-cola en una terraza en la plaza, mientras algunos paisanos me miran raro.
Después sigo mi marcha y rápidamente llego al inicio del Marie Blanque. Ahora ya es de noche cerrada y eso me ayuda a no ver las pendientes, aunque por esta vertiente son mucho menos letales que por el otro lado. Al de poco de iniciar la subida me paro a quitarme más ropa pues estoy sudando a chorros. Sigo piano piano para arriba y antes de darme cuenta me encuentro llaneando en el Plateau de Benou.
En ese instante, justo a la medianoche, sale la Luna tras las montañas. Mis cálculos eran buenos, pero estaban hechos para un horizonte horizontal, y aquí, en medio de los Pirineos, lo del horizonte tira más a vertical y a la Luna le cuesta alzar el vuelo.
Ruedo ahora tranquilamente por lo que dentro de unas horas será un bullicio de bicicletas y de ciclistas pidiendo agua y comida. Cómo cambia el paisaje. Sólo oigo algún cencerro de unas vacas fantasmas, y la neblina se levanta de entre los prados llenando de un aura mágica el entorno que me envuelve. Me da pena que se termine.
Tras un par de kilómetros más subiendo, corono el Marie Blanque. Me abrigo un poco, pongo la luz potente y desciendo con seguridad siguiendo la línea de vida en la que se convierte la señalización horizontal del puerto que me indica el centro de la carretera.
Bajo sin problemas, mucho mejor de lo que esperaba y en un abrir y cerrar de ojos (aunque no los cierro mucho para no quedarme dormido) estoy en Escot. Me paro a coger agua y comienzo lo más duro de la noche, que será la subida al Somport, larguísima por esta vertiente.
Al principio la carretera es cómoda, se sube poco a poco y hay muchos tramos casi llanos. Pero no tarda en aparecer el verdadero Somport, y llega un punto en el que ya dejo de usar el plato grande, signo inequívoco de que la pendiente va aumentando.
Ahora comienzo a pensar en la expedición madrileña, pues si han cumplido el horario de salida no tardaremos en cruzarnos.
Me paro en un pueblo a quitarme algo de ropa, y sigo tranquilamente hacia arriba. He sido generoso con los cálculos sobre lo que puedo tardar en completar el recorrido y no tengo prisa. Luego, en una zona oscura aparecen unas luces extrañas que se paran al ver las mías. Son las dos y media de la madrugada y los tres expedicionarios paramos un poco a darnos ánimos mutuos. Ellos bajan con frío mientras yo estoy algo acalorado, pero parece que los tres vamos con la moral bien alta. Enseguida seguimos cada uno por su camino, y de nuevo voy solo.
Sigo subiendo, siempre subiendo. A ratos la Luna me ilumina tanto la carretera que casi sobran las luces, pero en otras ocasiones las montañas me hacen sombra y apenas se ve nada.
Y cuando me quedan unos diez kilómetros para alcanzar la frontera del Somport, se produce un hecho que marcara mi expedición: me empieza a doler terriblemente la rodilla, pero la rodilla buena, no la izquierda que la tengo lesionada crónicamente desde hace años y a la que ya conozco cuando se queja.
Me detengo, estiro un poco y vuelvo a montar. Pero vuelven los dolores, intensos y agudos y que además no provienen de un punto concreto. Debo pararme de nuevo y me subo las perneras, no vaya a ser que se me hayan quedado las rodillas frías y sea eso lo que me esté dañando. Pero tras montar otra vez, sólo soy capaz de avanzar una centena de metros sin tener que bajarme una vez más.
Decido seguir un rato caminando bajo la Luna. Tras unos 500 metros estiro un poco más la rodilla y me subo de nuevo a la bicicleta. Ahora parece que me aguanta sin dolor y puedo seguir ruta, aunque ya casi estoy decidido a retirarme nada más llegar al Hotel, pues no quiero lesionarme.
Se me hace largo lo que queda hasta el Somport porque con cada pedalada que doy tengo miedo de que se me reproduzca el dolor. Por suerte corono el puerto sin más contratiempos.
Son las cuatro y veinte de la mañana cuando entro en España. Me paro un momento a abrigarme y bajo con cuidado pero bastante rápido. En Canfranc aprovecho una parada para estirar un poco y coger agua, y luego sigo hacia Jaca a buen ritmo.
Mientras pienso que la cosa va a mejor y que tal vez pueda intentar aunque sea hacer la Treparriscos, la luz de la Luna y las rectas de la carretera me animan a ir a una velocidad casi como si fuera de día, pero en medio de una recta, y cuando circulaba a unos 40 km/h oigo unas pezuñas resbalando en medio de la carretera mientras una sombra negra pasa junto a mí dándome un susto de muerte. No sé si era una cabra o un jabalí. Sólo sé que estaba en mitad de la carretera, que no lo había visto, y que si se llega a mover hacia mi trayectoria ahora estaría en el suelo. Me quedo con el susto en el cuerpo y ahora ruedo con más atención. Por suerte enseguida empezará a clarear.
Tras pasar Jaca la rodilla me da un último aviso de que no debo seguir, ni siquiera en la Treparriscos. Así que ruedo ya tranquilo hacia Sabiñánigo, aunque ahora me pasan continuamente coches de gente que ya va hacia la QH.
Llego a las 6 de la mañana al Hotel. Voy directo a desayunar y luego me ducho y me acerco a ver la salida de la marcha.
Es cierto que no he hecho la doble QH, pero sí creo que he cumplido el reto, pues en este tipo de aventuras es más difícil dar el primer paso que después cumplir los planes, y creo que el hecho de salir solo, de noche y con la clara intención de intentarlo ya es un éxito, ya has afrontado el reto de intentar hacerlo. Y además, con la experiencia de este año, quién sabe, quizás el año que viene...
En fin. Hoy va a hacer mucho calor. De buena me he librado.

(PD.: La expedición madrileña llegó a Sabiñánigo después de que ya había salido todo el mundo, y tras hacer a su aire la segunda vuelta, terminaron casi a las 9 de la noche. Enhorabuena campeones).






























































6 comentarios:

Rafael Vallbona dijo...

Enhorabuena Javier,
tus cabezonadas bilbainas resultan emocionantes y encomiables siempre; es decir, llenas de sueños y anhelos.
Supe tarde de tu idea de las dos vueltas a la QH, y ya se que hablar ahora es facil...pero y si el año próximo lo intentamos los dos?
Qué, nos lo proponemos?

Anónimo dijo...

Enhorabuena Javier, le has echado pelotas al hacerte la vuelta tú solo.

Al año que viene a ver si consigo convencerte de hacer la primera vuelta a derechas también y sobre todo de hacerla en otras fechas distintas a la de la QH-single

Rubén de Diego

gorka dijo...

Hola Javier, soy Gorka cicloturista de Bilbao y lector asiduo de tu blog. Te invito a que visites www.mundobikes.com y de vez en cuando nos dejes alguna de tus crónicas, muy buenas por otra paerte. Mundobies.com es una red social de ciclismo para ciloturistas.

Anónimo dijo...

HOLA, yo tb estaba dispuesto a hacerla pero el calor que hacia estos dias por estas tierras me asusto un poco mucho. por lo que no me queda mas que quitarme el sombrero ante ti y darte la enhorabuena
anselmo-huesca-

Félix Casado García dijo...

Cuanto tiempo campeón....lo que me he alegrado volver a saber de tí y más viendo que sigues en plena forma y con retos a tu estilo, en serio, como los viejos tiempos.

Me ha gustado tu relato y la idea....a ver si el año que viene nos animamos, aunque está la Londos Edinburgo "and come back" que seguro que te mola.

Un saludo y tengo unas ganas tremendas de poder compartir contigo carretera, cervezas y conversación.

Un abrazo

Javier Sánchez-Beaskoetxea dijo...

Aupa Félix:

Pues sí, no coincidimos desde la memorable PBP 1999.
Seguro que pronto nos vemos. Saludos y que te vaya todo bien,