martes, 26 de julio de 2011

Media Transpirenaica 2 y 3/3

Bueno, ayer terminamos nuestro viaje de tres días. Sólo tengo fotos del domingo ya que ayer no paró de llover y no llevé la cámara.
La segunda etapa fue de Jaca a Montory, pasando por Aísa, Hecho, Ansó, Zuriza, Belagua y Arette. En el paso a Francia el tiempo empeoró mucho y la bajada del Soudet fue, como se suele decir, dantesca, sobre todo para los que no pudieron cambiarse de ropa por el descontrol de la furgonet que estuvo en operación rescate.
La etapa del domingo la cambiamos de recorrido por la lluvia, y en vez de subir a Irati por Bagargui fuimos directos hasta San Juan de Luz y luego a Hendaya.
La verdad es que estoy bastante cansado ya que desde la Lieja no había entrenado mucho y ahora necesito unos días para descansar.
Os dejo unas fotos.





sábado, 23 de julio de 2011

Media Transpirenaica 1/3

Hoy (que por cierto es mi cumpleaños) hemos hecho la primera etapa de la Media Transpirenaica que hemos preparado los de la S.C. Bilbaina. La etapa inicial ha sido entre Aínsa y Jaca, sin salir de Huesca, y en el recorrido hemos pasado por Escalona, cañón de Añisclo, Fanlo, Broto, Torla Cotefablo, Biescas y Sabiñánigo.
El día inmejorable, y muchas anécdotas, como el que se pierda todo el pelotón menos los tres que iban por detrás.
Como no tengo mucho tiempo os dejo unas fotos. Ha sido un día duro, y eso que era la etapa más suave.
Mañana de Jaca a Montory (Zuberoa), pasando por Aísa, Hecho, Selva de Oza, Ansó, Zuriza, Belagua, Piedra de San Martín y Arette.









viernes, 8 de julio de 2011

¿Un Tour de dos semanas?


Hoy,mientras veía la etapa del Tour de Francia en la televisión vasca ETB, Xabier Usabiaga (que por cierto, es de los comentaristas de televisión que más sabe de ciclismo seguramente en todo el mundo) ha defendido la idea que últimamente se oye mucho de que las grandes vueltas deberían reducirse a dos semanas. Es más, también ha dicho que etapas como la de hoy (un poco insulsa hasta la parte final) también deberían reducirse en longitud.
No lo decía Xabier por esa idea (falsa) que tiene mucha gente de que quitando dureza se limitaría la tentación del dopaje, sino porque así se adaptaría el ciclismo a los tiempos modernos, ya que la duración de tres semanas viene de la época histórica del ciclismo, y las carreras serían más disputadas y más interesantes.
Pues no puedo estar más en desacuerdo con esta idea.
Precisamente Xabier Usabiaga, un poco más tarde, ha estado hablando de corredores capaces de ganar muchas carreras pero que las grandes vueltas son otra cosa.
Y eso es precisamemnte lo que hace que los grandes corredores, los que son capaces de dominar las grandes vueltas, puedan hacer valer su diferencia. Una vuelta de dos semanas seguro que sería interesante y habría muchos corredores capaces de disputarla. Pero en una vuelta de tres semanas solo los mejores fondistas llegan al final con capacidad para marcar diferencias. Y eso es precisamente lo que hace que las tres grandes vueltas sean diferentes al resto. Para vueltas más cortas ya hay otras carreras.
Y lo de que la distancia es algo que viene del pasado, pues es cierto. Pero si se recortan las carreras es como si en atletismo se decidiera ahora que el Maratón pase a tener 30 km, ya que 42,195 km es algo que viene del pasado. Pues ya no sería un Maratón, como un Tour de dos semanas no sería un Tour.

miércoles, 22 de junio de 2011

Una cita con el Tourmalet


Un californiano y un vasco van al Tourmalet y... Parece el inicio de un chiste, pero fue lo que hicimos el pasado lunes mi amigo Tom Drew (Modesto, CA) y yo. Como él está cerca de Bilbao por una boda de unos amigos, le recogí con el coche el lunes temprano y nos fuimos hasta las cercanías de Argelès-Gazost, en los Pirineos franceses. Desde allí comenzamos la peregrinación no a Lourdes (que estaba a un paso) sino a otro lugar más sagrado: el Tourmalet.
Con un tiempo espléndido, incluso caluroso, recorrimos los kilómetros de aproximación hasta Luz St. Sauveur, donde se inicia la subida propiamente dicha.
Subimos los dos juntos todo el rato, para hacer más llevaderas las casi dos horas que tardamos en subir esos famosos 18 km. Arriba, tras la foto de rigor, aproveché para comer en el bar. Y digo aproveché, porque Tom no quiso comer nada (así de delgado está él). Luego bajamos en un santiamén hasta Luz, y luego ya hasta el coche.
Para redondear el día la vuelta la hicimos pasando por el Circo de Litor y por el Aubisque, para admirar esa carretera colgada del barranco que es, para mí, la más espectacular de los Pirineos.
Como curiosidad diré que la subida clásica al Tourmalet, desde la estación de Superbareges hacia arriba, está modificada. El cartel indica por la izquierda, por la estación de esquí, que se junta más arriba con la carretera vieja. Nosotros fuimos por la vieja, por el jardín botánico, y vimos que un poco más arriba han puesto unas vallas para que no pasen coches. Y donde se juntan las dos carreteras (lo veis en una foto) han puesto piedras y otra valla, e incluso una señal de prohibido el paso. Parece ser, según me han dicho, que este tramo de carretera vieja, la original, lo van a cerrar a los coches y por él van a pasar todas las pruebas ciclistas en sentido ascendente. La bajada será siempre por la estación de esquí. Se va a llamar la "Vía Fignon". Un buen nombre y una buena idea. Espero que mantengan la carretera en buen estado.





lunes, 13 de junio de 2011

Lieja Bastoña Lieja 2011


Lieja Bastoña Lieja 2011
¡Me cago en la leche! El miedo que tenía de quedarme dormido al tener una habitación para mí solo se ha hecho realidad. Habíamos quedado en levantarnos a las 5 de la mañana para salir a las 6 y ya son las 6 menos 20. Bueno. Un rato más que he dormido, eso que lo agradecerá el cuerpo. Tranquilo. Desayuno con calma y me preparo bien.
Las 6 y cuarto pasadas y salgo del Hotel yo solo. Espero encontrar a la primera el Country Hall de Lieja, ya que en mi sobre no estaba la carta de sellado y tengo que ir a pedirla.
Vale. Ya tengo la carta para los controles. Bajo con frío la Cota de Boncelles hasta Tilff, donde comienza el recorrido oficial. Me ponen el primer sello (bueno, en vez de un sello lo taladran con un taladro de los que usaban antes los “picas” en los trenes, cuando éramos jóvenes) y empiezo la marcha, la Lieja Bastoña Lieja, la decana de las carreras del ciclismo mundial.
Nosotros, los cicloturistas, no hacemos exactamente el mismo recorrido que los profesionales, ya que todos los años cambian algo. Además, nosotros salimos y llegamos en un pueblo cerca de Lieja, Tilff. Este año no nos toca subir La Redoute, y es una pena ya que es la subida más dura de la carrera y la más famosa.
Cojo un grupito que rueda bien y vamos pasando los primeros kilómetros. Hay solo 7ºC y no me quitaré ni el paravientos ni los guantes largos hasta el primer avituallamiento.
Vamos rodando paralelos al río Ourthe, lo que hace que haya un poco de bruma y una humedad muy desagradable, pero la carretera es bonita y en la superficie del agua una fina neblina matinal pone un toque de encanto al paisaje.
Con tranquilidad llegamos al kilómetro 25 y las flechas nos conducen a la derecha a la primera cota del día, la de Chambralles. Está señalada con una pendiente máxima del 20%, y creo que la indicación es buena. La cota nos sirve para ir dejando atrás el frío, y como no es muy larga, unos 2 km, no me cuesta mucho el pasar la rampa dura, aunque el cuerpo nota todavía la pereza y el sueño que tiene, las 16 horas de autobús desde Bilbao pasan factura.
Tras esta primera toma de contacto con las cotas de las Ardenas, por un terreno rompepiernas llego al primer avituallamiento. Me pican la hoja del control, cojo agua, me quito las prendas de abrigo y como algo antes de salir de nuevo a la carretera.
Viene ahora un tramo que tiende a subir casi todo el rato hacia Bastoña, además, hay un ligero viento en contra, pero no me impide rodar con cierta velocidad en el grupo en el que voy.
Aunque en la hoja de ruta sólo tenemos ocho cotas oficiales, la realidad en este recorrido es que apenas hay un llano que se pueda llamar así. Es un continuo sube y baja que me obliga continuamente a jugar con los cambios y a calcular mis fuerzas. Hay repechos que los subo en plato, tirando de fuerzas, y en otros decido poner el plato pequeño y subir con más tranquilidad.
Voy pasando los kilómetros y llego a la segunda cota oficial, la de Bonnerue. No es tan dura como la anterior y aprovecho para sacar algunas fotos. El paisaje es todo el rato muy verde, con muchas granjas y pueblos pequeños. Me recuerda a la Bizkaia rural.
Poco después de terminar la bajada me encuentro con mis amigos y compañeros del viaje de custom4us, que vienen todos juntos desde el Hotel. Han parado por una avería, y como queda poco para el avituallamiento de Bastoña les digo que me adelanto y que nos juntaremos allí.
En Bastoña el avituallamiento es más grande. Mientras bebo y como llegan los demás. Estamos un buen rato parados, hasta que los mecánicos logran arreglar la avería. De mientras aprovechamos para sacarnos unas fotos en un monumento a la carrera que hay en el pueblo en una rotonda. Quiero pensar que en ese lugar era donde hacían el giro en las primeras ediciones de la carrera para volver a Lieja.
Ya todo solucionado salimos de Bastoña. Formamos un buen grupo, ya que solo nosotros somos más de 20. Poco a poco se nos une más gente, así que en pocos kilómetros vamos un buen pelotón rodando a un ritmo sostenido y llevadero.
Bueno, llevadero hasta que poco antes del siguiente avituallamiento, una sucesión sin interrupción de cotas no puntuables nos hacen a más de uno que perdamos el grupo. No se trata de forzar cuando aún nos quedan 100 desconocidos kilómetros por delante.
Así que sigo a un ritmo más cómodo para mí. En el avituallamiento estoy el tiempo justo y salgo por delante de los demás, ya que sé que no tardarán en cogerme.
Ahora el perfil es cada vez más duro. Casi seguidas están las cotas de Mont le Soie y la de Wanne. No son de las duras, pero noto las horas y los kilómetros.
En esta última cota me pasa el grupo, pero casi entramos juntos al siguiente control. Allí me paro a descansar un poco más que ellos y ya les pierdo de vista hasta el Hotel.
Poco después de salir, un giro brusco a la izquierda da comienzo a la cota de Amermont, las más dura. Un cartel indica que son 3,6 km a 5,5% de media, pero con una rampa del 23% máxima. Y las rampas duras están al comienzo, así que meto el 34x27 y tirando de riñones voy subiendo mejor de lo que esperaba. La parte final es más tendida y tras un pequeño descenso, pasamos por un pueblo con un tramo de pavés de unos 500 metros en ligero ascenso. Aquí, recordando el Tour de Flandes de hace dos años y para empezar a preparar ya la París Roubaix que quiero hacer en 2012, me vengo arriba y subo a tope botando por los adoquines, que son bastante suaves, no como los de Flandes y ni por asomo como los de Roubaix. Al salir del pueblo comienza la cota de Rosier, que no tiene rampas del 20% pero sí lo bastante duras como para que mi velocidad de ascensión sea muy baja. De vez en cuando me pasan algunos a velocidades de competición y no paro de preguntarme cómo es posible que suban tan rápido, aunque la respuesta es obvia: no es que ellos suban muy rápido, es que yo subo muy lento.
Viene ahora un tramo más llevadero y como me encuentro algo más recuperado voy tirando de un pequeño grupo. De repente nos pasa un grupo mayor y me engancho al tren. Rodamos rápido, a unos 40 km/h. Quedan unos 30 km para terminar, no conozco el recorrido pero me animo a pasar de vez en cuando a dar algún relevo. Es bueno y es divertido jugar a ser clasicómano en estas marchas. Por algo estoy haciendo uno de los cinco monumentos del ciclismo, y sentirte Gilbert, Kelly, Argentin o Merckx por unos instantes es algo grande, muy grande.
El último control nos rompe el grupo. Aprovecho para descansar un poco y al salir cojo otro grupo menos impetuoso. Charlo un poco en inglés con un señor que me explica a grandes rasgos cómo es el final que nos queda. Vamos subiendo por un falso llano y tras un descenso rápido iniciamos la última cota, la de Forges. Bueno, la última antes de la llegada oficial, ya que luego hay que subir la de Boncelles que hemos bajado al amanecer.
Esta última cota no es muy dura pero se hace dura. Las piernas notan las casi diez horas de marcha y no están para muchas alegrías.
Por fin se acaba la cuesta y tras un llano bajamos hacia Tilff donde está el arco de llegada y nos pican por última vez la hoja de control.
Estoy muy contento y feliz. Hace menos de cinco meses estaba en el hospital con la cabeza operada y hoy he sido capaz de terminar la Lieja. Como para no estar contento.
Me saco unas fotos en la meta y me encuentro con un conocido de Valencia con el que me tomo una cerveza.
Luego subo, sin mucha dificultad, la Cota de Boncelles y regreso al Country Hall, a devolver el dorsal, que me lo cambian por una camiseta con la inscripción “Cycling cannibal”. Y como caníbal que soy me como una hamburguesa doble, antes de volver al Hotel. Qué hambre tengo.
Para rematar el día, me equivoco en el cruce de la autovía y tengo que bajar dos kilómetros hacia Lieja antes de poder hacer el cambio de sentido. Así que dos kilómetro más de cuesta arriba.
Al final, llego al Hotel con 254 kilómetros hechos, y con 3.312 metros de desnivel acumulados. La media del día se queda justo en 25 km/h sin contar las paradas. Estoy más que satisfecho.
Ahora viene lo peor. La vuelta a Bilbao en el autobús.

(La crónica de Manu, el riojano: http://loslobosdelasolera.blogspot.com/2011/06/lieja-bastogne-lieja-la-carrera-mas.html)











domingo, 5 de junio de 2011

Oiz - Urkiola


El pasado viernes aproveché para hacer el último entrenamiento duro antes de la ansiada cita con la histórica Liège - Bastogne - Liège del próximo 12 de junio, y digo histórica porque esta marcha cicloturista es casi el mismo recorrido que la clásica profesional más antigua del calendario del ciclismo mundial.
Así pues, el viernes salí de Bilbao para acumular unas horas de trabajo en puertos ya duros y tras rodar hasta Iurreta subí hasta los molinos del Oiz. Hasta hace unos años era una pista de montaña, pero con la implantación de los aerogeneradores arreglaron la subida y ahora es perfecta para la bici de carretera.
Aunque desde abajo parezca una subida muy dura, tan sólo tiene un kilómetro duro tras dejar la carretera de Goiuria a Garai. En ese kilómetro hay unas buenas rampas en torno al 15% (al principio un poco más y luego un poco menos), pero luego la carretera es llevadera y en el tramo de cemento (muy liso) incluso hay algún descenso.
Yo subí hasta el collado, junto a una ermita, pero si se quiere se pueden subir unos 500 metros más hasta la cima del monte, con un tramo más empinado. Desde Iurreta la subida son unos 13 km, que me llevaron una hora a ritmo moderado.
Tras el descenso por el mismo sitio, di la vuelta por Garai y tomé la variante de Durango para dirigirme a Urkiola, que quería ver cómo lo iba a subir tras el Oiz.
Nada más empezar tuve que parar a ayudar a unos chavales que tenían una avería en una bici. Les pude solucionar el problema y seguí para arriba. Sin forzar mucho en ningún momento coroné el puerto con 34 minutos de tiempo invertido. No está mal para mí. Buena señal.
Bajé hasta Otxandio donde paré a comer algo, antes de dirigirme hacia Dima bajando el puerto del mismo nombre.
Sin llegar a Dima cogí el desvío a Lamindao para probar las sensaciones en las piernas de rampas de cerca del 20% tras haber subido dos puertos de primera. Y fueron buenas. Subí sin muchas dificultades, aunque sí notando ya los kilómetros de ascenso.
Bajé hasta Areatza y en Artea fui hasta Bilbao por Sarasola. En un principio había pensado en subir también Bikotzgane, que tiene rampas del 14%, pero ya estaba un poco cansado así que decidí no machacarme más.
Al final, como veis fueron 137 km con unos 2000 metros de ascensión.
Ahora a recuperar esta semana y esperemos que en Bélgica haga buen tiempo.


domingo, 29 de mayo de 2011

Giro d'Italia: último acto.


Se acabó. El Giro de Italia de 2011 es historia y a la historia pasará, salvo que el TAS diga lo contrario cuando lo diga, que Alberto Contador sigue siendo el mejor corredor del momento en vueltas por etapas. Ya lleva tres Tours, una Vuelta y dos Giros, y no hace falta ser un adivino para saber que años le quedan para aumentar su fantástico palmarés.
Este último acto de la ópera del Giro de Italia ha estado un poco descafeinado. Por seguir en el símil musical, se podría decir que llevábamos un tiempo sentados en la Ópera de Milán esperando al apoteosis final, al aria final, y va la gorda y no canta.
Pero, y volviendo al ciclismo, es lo normal. Es lo normal en una carrera de tres semanas muy dura con un dominador muy claro desde el principio. Si sabes que queda dureza y sabes que el líder, si quiere, te mete unos minutos más cada día que termina la etapa en montaña, pues no le atacas. Es de cajón. Desde que se vio la superioridad de Contador, Níbali y Scarponi han luchado por la segunda plaza. De mientras Contador ha dejado hacer y ha corrido esta semana a medio gas. Ha regalado etapas (como a Tiralongo) y se ha ganado unos amigos (bueno, y unos enemigos, porque Purito y Níbali no están lo que se dice contentos con el de Pinto).
La última etapa dura, la del precioso Finestre, la ganó con majestuosidad Vasili Kiryenka, y se la dedicó, como no podía ser de otra manera, a Xavi Tondo.
En la crono final, premio para Millar, el chico redimido, y un excelente tercer puesto para Contador que no ha disputado la etapa a tope y la ha corrido sin asumir riesgos.
Creo que está claro que, de haberlo querido, Alberto habría ganado media docena de etapas en este Giro y el segundo habría quedado a un cuarto de hora, como en los tiempos de Merckx.
Ahí están los datos: primero en la general y en el maillot de la regularidad y segundo en la montaña sin disputar la clasificación.
Ahora toca esperar a ver si corre (y gana) el Tour. Por poder correr, lo puede correr, pero habrá que esperar a la decisión final de la organización francesa, que son muy suyos con sus cosas y puede que no se quieran arriesgar a que el ganador en julio en París resulte en septiembre eliminado de la lista con retroactividad por el TAS, parecido a lo que le pasó a Valverde el año pasado.
Sobre el resto de los corredores, unos pequeños apuntes a vuelapluma. Scarponi muy bien, Níbali más bajo de lo esperado, Sastre muy mal (creo que su época pasó), Menchov muy por debajo de lo esperado, Purito muy bien, Mikel Nieve va a ser otro corredor más maduro a partir de este Giro, con un gran futuro, e Igor Antón muy bien por su victoria pero creo que puede aspirar a más en la general.
Por cierto, y para terminar, lo de Contador y los himnos pasará a la historia. En Francia le ponen el himno de Dinamarca y hoy en Milán le suena el himno español, pero el de Franco, con letra y todo, con dos c...

miércoles, 25 de mayo de 2011

La Roue d'or des Pyrenées (La Rueda de oro de los Pirineos)


Cuando me enteré hace unos meses de que en Argelès-Gazost, mi pueblo favorito de los Pirineos franceses, se iba a organizar una nueva marcha cicloturista, con un recorrido en el que se subía Spandelles y Bordéres (además del Soulor), dos de los pocos puertos de la zona que no había subido en bici, y que además iban a estar ganadores del Tour como Merckx, Hinault, Indurain, Thevenet, Delgado y Walkowiak, no pudo sino hacer una buena marca en el calendario y empezar a trazar la estrategia para que en casa no me pusieran muchas pegas para ese fin de semana.
La idea estaba clara. Como la marcha era el domingo por la mañana, el sábado llevé a mi hijo a su carrera de infantiles y tras la comida salí hacia Pirineos con la bici lista y una habitación reservada en un pequeño hotel en el centro de Argelès.
Nada más llegar, al ir a recoger el dorsal, me encontré de bruces nada más y nada menos que con Miguel Indurain y con Eddy Merckx. Una foto con cada uno de ellos (para añadir a la cole, aunque ya tenía una foto con estos dos campeones) y tras dejar las cosas en la habitación y cenar algo me acosté temprano, aunque no pude dormir muy bien.
Por la mañana, sin prisas, fui a la salida y otra vez, nada más llegar, me encontré con Perico, al que ya conocía de la Volta a Menorca de 2010. Vi en la salida al resto de invitados y me puse en la parte trasera de un pelotón de unos 500 participantes.
Hay que decir que esta Roue d'or tenía tres recorridos. Los tres con el mismo inicio más o menos llano, y luego dos bucles, uno con Borderes y el otro, voluntario, con Soulor y Spandelles. Así que de los 500 todos no íbamos a hacer el largo.
Los primeros kilómetros bajo un cielo cubierto se hicieron rápidos pero no agobiantes como en la QH. Llegué al inicio de una primera subida (un puerto de 3ª) un poco descolgado del pelotón principal, pero a una media de unos 34 km/h, bastante para mí, sobre todo teniendo en cuenta que había que ir guardando fuerzas. La subidita la hice bien, y en un pequeño llano antes de bajar alcancé a un pequeño grupo en el que iban Merckx e Hinault, así que pude compartir unos minutos con ellos, un honor, antes de que me dejaran en la bajada. Luego ya no les volví a ver porque hicieron el recorrido corto.
Rodar en Pirineos junto a Merckx e Hinault es, para que lo entiendan los amantes del fútbol, como si puedes pelotear un rato en el estadio de Maracaná con Pelé y Maradona.
Tras un avituallamiento comenzó la subida a Borderes, que no conocía pero que me gustó mucho. Muy bonita carretera y no demasiado dura. Una bajada corta y llegué al pie del Soulor. Pero antes comí algo más en el segundo avituallamiento.
El Soulor es un viejo conocido, así que estuve un buen rato charlando con él mientras subía despacio, ya que la subida a Spandelles, que conocía en coche, sabía que se me iba a hacer dura.
Arriba del Soulor cogí agua y comí algo de lo que llevaba en los bolsillos. Me puse el chubasquero y me lancé cuesta abajo envuelto en una niebla que a ratos no dejaba ver ni el borde la carretera. Por supuesto lo de que me lancé es una broma, pues creo que no pasé en ese tramo de los 25 km/h. A todo esto ya estaba casi el último y desde Borderes iba solo, como los buenos corredores cabalgando por los Pirineos.
La bajada se me hizo larga, con mucho frío y sin poder relajarme. Pero la cabeza cuenta mucho en estos casos y sabía que iban a ser unos minutos de pasar frío antes de afrontar una subida en la que el sufrimiento sería por otros motivos.
Abajo, un cruce a la derecha marcaba el inicio de la ascensión a Spandelles, unos diez kilómetros con rampas abundantes por encima del 12 y del 13%, así que calculé que sería como una hora y pico subiendo.
Al de poco de comenzar la subida, por un paisaje precioso, eso sí, fui a comer las barritas que me quedaban y descubrí, por desgracia, que solo me quedaba una. Me la comí y empecé a sentir bastante hambre, así que bajé el ritmo para dosificar mi poca energía y poder llegar arriba sin echar pie a tierra. Subí a partir de ahí a unas 125 ppm, diesel total.
No sabía exactamente lo que me quedaba y las rampas duras se sucedían sin cesar. Cuando creía que quedaría un kilómetro vi un cartel que ponía "Sommet a 2 km". Buf, dos kilómetros eran un cuarto de hora o así, por suerte parecía que las rampas eran más suaves. Según subía ese último tramo empecé a pensar en lo que iba a comer al llegar a meta, en lo que iba a cenar al llegar a casa, en los que iba a desayunar al día siguiente,... También pensé en si arriba habría o no avituallamiento sólido, pero la lógica me decía que no podía ser, porque había dos anunciados y ya los había pasado.
De repente, cuando debía quedar un kilómetro, vi entre la niebla el cartel del puerto y una furgoneta con el avituallamiento. Al acercarme el cielo se me abrió, ya que no solo tenía avituallamiento sólido, sino que tenía bocadillos de panceta y salchichas recién hechas.
Me puse el chubasquero y me quedé unos minutos hasta que se me pasó el pajarón que llevaba. Casi me dio tiempo a hacerme amigo de los franceses, muy simpáticos, por cierto. Mientras tanto, el único participante que venía por detrás llegó, cogió agua y se marchó, así que allí estábamos: yo comiendo el bocata como Carpanta, los del avituallamiento invitándome a más, los de la ambulancia picando algo y los del coche escoba esperándome.
Por fin pude decir "Je suis unne autre personne" y luego "Je parte", y empecé a bajar, con el coche escoba detrás. La primera parte entre la niebla la hice muy despacio, pero luego la carretera ya estaba seca y con menos pendiente, así que bajé algo más rápido directamente hasta Argelès, donde llegué a meta el último, pero llegué.
Fui al lugar de la comida y allí estaban Delgado e Indurain, con los organizadores de la Pirenaica. Pedro me hizo un par de bromas, luego cogí la comida y estuve un rato con ellos.
Una duchita y me quedé un rato para que todos los invitados me firmaran el diploma. Por último pude sacarme una foto con Hinault, un tesoro para mí, y ya regresé para Bilbao.
Un fin de semana menorable.
Por cierto, los datos del recorrido están en http://connect.garmin.com/activity/87380548