
domingo, 8 de febrero de 2009
Nuevos colegas bajo la lluvia

sábado, 31 de enero de 2009
Una bici en el fondo del Océano Antártico
Acabo de terminar de leer dos interesantes libros sobre la expedición a la Antártida que Ernest Shackleton lideró entre 1914 y 1916.Uno es "Atrapados en el hielo", de Caroline Alexander, publicado por Planeta, y que incluye muchas de las fotografías que el australiano Frank Hurley tomó durante el viaje.
El otro está editado en España por Desnivel y se titula "Lecciones de liderazgo: las diez estrategias de Shackleton en su gran expedición antártica", y es de Dennis Perkins y otros autores.
Hay que empezar diciendo que la expedición en sí misma fue un rotundo fracaso, pues Shackleton pretendía ser el primero en atravesar el continente antártico y no pudo ni siquiera tocar tierra al quedar su barco, el hermoso velero "Endurance", atrapado en la banquisa de hielo hasta que la presión del mar helado lo destrozó.
Pero ese en teoría fracaso fue el inicio de una aventura épica por la que Ernest Shackleton pasó a la historia como un líder fuera de lo común que logró salvar a todos sus hombres tras pasar veinte meses perdidos entre los hielos. Primero vivieron con cierta comodidad en su barco hasta que el hielo se cobró su tributo y aplasto al buque y lo hundió en el Océano helado. Luego sobrevivieron varios meses sobre los témpanos de hielo derivando poco a poco hacia el norte, hasta que el hielo se resquebrajó tanto bajo sus pies que tuvieron que embarcarse en los frágiles botes del "Endurance" en una peligrosa travesía hasta la Isla Elefante, un pico de la Antártida al sur de Cabo de Hornos.
De allí, Shackleton y algunos hombre realizaron una fantástica navegación a vela de 16 días en uno de los botes hasta la Isla San Pedro, único lugar donde podían encontrar ayuda pues allí había una base ballenera noruega. En este viaje sobrevivieron a una enorme tormenta que hundió a un gran vapor de 500 Tm que navegaba más al norte que ellos. Luego, tras desembarcar en una punta de la Isla San Pedro, Ernest Shackleton junto a dos hombres caminaron sin parar durante 36 horas entre montañas de hielo hasta llegar a la base noruega, a la civilización, donde pudieron por fin decir al mundo que estaban vivos. Aún tardó Shackleton varios meses en poder conseguir un barco capaz de atravesar los hielos para llegar a la Isla Elefante y encontrar, con gran alivio, que todos sus hombres seguían vivos tras casi dos años en unas condiciones durísimas y con una alimentación deficiente casi a base de carne de pingüino y de foca.
La aventura en sí misma fue un éxito de la voluntad y la perseverancia humana, y de la confianza ciega de Shackleton en sus propias posibilidades de sobrevivir.
Pero viene este post a cuento aquí, en un blog de cicloturismo, porque en el libro he leído una frase que contaba cómo uno de los hombres de la expedición, Thomas Orde-Lees (en la foto), un hombre atlético, amante de deportes como el esquí y la bicicleta, se llevó a la expedición su bici y mientras el barco estaba entre los hielos él se dedicaba a salir por la banquisa a dar excursiones con la bici, hasta que un día se perdió y tras encontrarle Shackleton le prohibió salir del barco en la bicicleta.
Así que allí quedó esa histórica bici, entre los restos del "Endurance" en el fondo del Antártico.
¡Qué bonita historia! ¡Cuánto valor había en aquellos hombres que poco después de regresar a la civilización estaban casi todos en diferentes frentes de la I Guerra Mundial!

jueves, 22 de enero de 2009
Capilla Solferino (Luz St. Sauveur)

domingo, 18 de enero de 2009
Unai Basurko ya está en casa

Unai Basurko atracó ayer con su Pakea-Bizkaia en el puerto deportivo de Getxo, y ya está en casa tras más de dos meses metido en ese cascarón en el que se convierte un barco, pese a que sea tan bonito como el Pakea-Bizkaia.
Fue una lástima la rotura del timón de estribor y la consiguiente decisión de abandonar la regata Vendee-Globe, la prueba deportiva más dura del mundo, una vuelta al mundo a vela en solitario y sin escalas.
Unai abandonó cerca de Ciudad del Cabo y ha regresado él solo desde allí a Bilbao sin forzar el barco. Un mes más de travesía para mascar y digerir la decepción y hacer planes para el futuro
De la dureza de la regata de esta edición tenemos como muestra el que de los 30 skippers que salieron, ya sólo quedan 12 en carrera, y a los últimos les queda casi la mitad del recorrido.
Así que Unai no debe sentirse decepcionado. Lo normal es que en esta regata no termines en tu primera participación, y así mantienes el sueño de querer terminarla unos años más, hasta el siguiente intento.
Ahora le tocan días de descansar, arreglar el barco y decidir cuáles serán sus próximo retos.
En el mapa podéis ver cómo están ahora los 12 aventureros que quedan en competición. En primer lugar va el francés Michael Desjoyeaux (el punto verde), que al de un día de salir tuvo que volver al puerto de salida para arreglar una rotura (ése es el único punto donde pueden recibir asistencia externa) y tomó la salida de nuevo con dos días de retraso, y así y todo para cuando llegó a Sudáfrica ya estaba en cabeza.
Michael ya está llegando al Ecuador en el Atlántico de camino a casa, mientras que Raphael Dinelli, el último, aún está en mitad del Pacífico Sur.
Les queda mucho por delante. Que tengan buen viento y mucha suerte.
http://www.vendeeglobe.org

martes, 6 de enero de 2009
Solo ante el peligro

SOLO ANTE EL PELIGRO
(Escrito tras estudiar el perfil de un puerto de 1ª y ver la peli de Gary Cooper simultáneamente.)
-Javi. Te llamo para avisarte de que Arturo también va a participar.
-Gracias por decírmelo -contesté mientras colgaba el teléfono.
Arturo "el duro" había vuelto y por lo visto tenía aún intactas las ganas de vengarse de mí por la insultante derrota que le había infligido en el campeonato de montaña de nuestro club el año pasado. Desde aquel día Arturo había estado lesionado, sin duda por el sobreesfuerzo que tuvo que hacer para seguirme en las duras rampas de aquel puerto, y cuando no le quedó otro remedio que dejarme ir, sus últimas palabras fueron de venganza.
Y ahora había regresado.
Miré el reloj. Eran la diez de la noche. Las campanas de la iglesia comenzaron a repicar. Quedaban exactamente 30 días y 12 horas para que nos enfrentáramos de nuevo. Debía aprovechar bien esas pocas semanas para prepararme lo mejor posible.
Mi mujer al enterarse de la noticia se echó a llorar.
-Cariño. No vayas. No merece la pena. Te va a destrozar, piensa que has estado con gripe estas semanas y no has podido entrenar apenas -me decía entre sollozos.
-Lo siento, nena, pero he de ir. No lo entiendes. Si no me presento, Arturo "el duro" se hará el dueño del campeonato. Alguien debe frenarle, y de nuevo me toca a mí -le contesté mientras miraba una vez más el reloj.
Los siguientes días intenté convencer a mis amigos para que me echaran una mano. Pero ya sabía que iba a ser difícil.
-Me gustaría ir, Javi. Pero mi mujer va a dar a luz la semana que viene.
-Lo lamento, pero ese día son las fiestas del pueblo y, ya sabes cómo se ponen los chavales.
-Quisiera ayudarte Javi, pero...
Era inútil. Nadie iba a poder ayudarme ante Arturo, y lo comprendía.
Seguí entrenando con firmeza los días siguientes. Ya me conocía de memoria todos los recovecos del puerto donde nos íbamos a enfrentar y en los que Arturo "el duro" podía tenderme una emboscada.
-Javi, te llamo para avisarte de que José Luis va a ir con Arturo.
-Gracias.
José Luis había ganado tres veces el campeonato y era un tipo muy peligroso. Las campanas repicaron diez veces. Sólo faltaban tres días y 12 horas para la llegada de Arturo.
Había revisado cientos de veces mi bici para tenerla a punto y había mandado ponerle un tercer plato en la recámara por si me quedaba sin municiones.
El día antes cambié las dos cubiertas. No quería que se me pinchara mi arma en el peor momento. Limpié y engrasé la bici por última vez, la tapé con su funda y me acosté a las diez en punto. Sólo faltaban doce horas.
Apenas dormí esa noche. El reloj avanzaba despacio y su tic-tac retumbaba en mi cabeza como las campanas de la iglesia.
A las siete en punto me levanté. Desayuné algo ligero y desenfundé la bici. Mientras las campanas de la iglesia llamaban para la misa de las ocho me dirigí pedaleando hacia la estación, donde habíamos quedado, mientras mi mujer se despedía de mí por la ventana.
El tren de las nueve llegó, como siempre, puntual. Se abrieron las puertas y Arturo y José Luis salieron con sus bicis relucientes en la mano.
El saludo fue frío y silencioso. Montamos y sin más demora nos dirigimos hacia el puerto en el que se iba a dirimir el duelo.
A las diez en punto se dio la salida. José Luis me atacó antes siquiera de que yo hubiera metido el pie en el pedal. Me esperaba algo así.
Arturo cogió su rueda y entre los dos descargaron casi toda su artillería contra mí. Enseguida nos quedamos los tres solos, pues el resto de la gente que había tomado la salida se retiró ante esos ataques desaforados.
Aguanté bien los primeros envites, y tras un momento de duda decidí que debía probarles. Bajé un par de coronas en una rampa fuerte y José Luis cayó desplomado dejándonos solos a Arturo y a mí.
Arturo quería zanjar rápido el asunto y decidió atacarme sin descanso durante más de un kilómetro. A duras penas pude esquivar sus disparos y él al verme en aprietos se envalentonó.
Craso error.
En la rampa más dura, a menos de un kilómetro de la llegada, Arturo "el duro" apretó el gatillo de su “ergopower” con todas sus fuerzas. Por un instante me tuvo contra las cuerdas. Ya casi no podía resistir cuando, de repente, Arturo "el duro" se quedó sin munición y acabó tirado en la cuneta en tanto que yo pude emplear la recamara para engranar mi tercer plato.
En mal estado pero victorioso llegué a la meta. Mientras me ayudaban a bajar de la bici pedí un teléfono.
-Cariño, ya vuelvo a casa. Enciende el calentador.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Por fin puedo entrenar algo

domingo, 21 de diciembre de 2008
Solsticio de invierno en el Gorbea

lunes, 8 de diciembre de 2008
Lástima Unai

jueves, 4 de diciembre de 2008
Primeros kilómetros

lunes, 1 de diciembre de 2008
Un cicloturista en la Vuelta al Mundo

La Vendée Globe, una auténtica aventura. Y un cicloturista desafiándola.
domingo, 23 de noviembre de 2008
Y el pasado sigue apareciendo
lunes, 10 de noviembre de 2008
El pasado regresa, la vida es un círculo
lunes, 27 de octubre de 2008
Volta a Menorca 2008
lunes, 20 de octubre de 2008
Si una es buena...

Así que, ahora, cada vez que termino una salida, una marcha, o un entrenamiento, aplico la demoledora lógica del colega del sur, y hago una regla de tres que más o menos relaciona el número de kilómetros recorridos y la dureza de los mismos, con el número de cervezas que he de tomarme para recuperar del todo.
Así las cosas, el domingo pasado, tras unas cuantas horas de pedaleo duro tratando de seguir la rueda de una grupetta de profesionales de mi zona, al llegar al bar donde se reagrupó la gente, pedí una cerveza detrás de otra, a pesar de calcular que el número de cervezas que debía beber para restaurar el cuerpo a su ser sobrepasaba la reserva de dinero que llevaba en la cartera.
Pero uno no debe resignarse a la triste condición de ajustar su vida al vil metal que atesore en la cartera, sino que hay que poder equilibrar nuestra capacidad de gasto a nuestras necesidades, y más sobre todo si éstas están basadas en una irrefutable verdad médica, como es el caso de “Si una es buena...”. Así que recurrí a pedir una línea de crédito al camarero del bar (suerte que me conoce), para poder hacer frente al gasto en cerveza al que me enfrentaba.
Tras unas cuantas cañas, y cuando ya no quedaba ningún compañero ciclista en el bar, yo me dispuse a terminar el último canto regional con el que deleitaba desde la cuarta cerveza a la parroquia del local, muy animada por cierto, antes de levantarme y comprobar varias cosas, a saber: que la cuenta que debía era bastante más elevada de lo que había calculado ingenuamente; que todo lo que entra ha de salir; que hacerse paso hasta el baño entre la gente que se apiña en la barra es más difícil con zapatillas de ciclista que con zapato de calle; que las zapatillas de ciclista resbalan (cosa que ya sabía); que las escaleras de mármol son muy duras (cosa que también sabía, pero que no había comprobado tan vivamente nunca); que es difícil cambiar de agua al canario mientras te tambaleas, te frotas el golpe en la rabadilla con una mano y sujetas el culotte con la otra para efectuar la operación de micción con cierta puntería; que es muy complicado mantener el equilibrio sobre la bici tras recuperar el esfuerzo a base de cervezas; que el casco sí amortigua los golpes en la cabeza; que las manetas de freno se rompen más fácil de lo que pensaba; y finalmente (esto lo comprobé unos días después) que las manetas del freno si son buenas cuestan una pasta.
En fin. Que las cervezas, como bien decía la sentencia de John, me ayudaron a recuperar el esfuerzo. Eso sí, para recuperarme luego de las cervezas necesite varias horas de estar tumbado en el sofá más un par de aspirinas.
Dicho todo esto, quizás se debería matizar la frase del neozelandés y dejarla en “Si una es buena, dos son mejor. Pero eso no significa que tres sean aún mejor”. O lo que es lo mismo, todo es bueno con moderación y sin excesos.
En fin. Si bebes no conduzcas.
lunes, 13 de octubre de 2008
Especial Clásicas y VIII: Il Giro di Lombardia

La primera edición del Giro de Lombardía, que se celebró el año 1905, se llamó la Milán Milán, pues de ahí salía y terminaba la prueba desde 1905 hasta 1961, aunque para 1907 ya adoptó el nombre por el que se conoce hoy día. Su primer vencedor fue el corredor italiano Giovanni Gerbi, el mismo que se encargó de diseñar la Milán San Remo y que también era conocido como “el diablo rojo”. Gerbi ganó esta primera edición gracias a su conocimiento del recorrido, lo que le permitió esquivar un cruce de la carretera con las vías del tren sin tener que bajarse de la bici, cosa que sí que tuvieron que hacer sus adversarios a los que dejó atrás para llegar escapado a la meta de Milán.
Ya en 1907 tomó las riendas de la organización el diario italiano la “Gazetta dello Sport”, que sigue siendo quien la organiza hoy día.
El recorrido ha sido alterado en numerosas ocasiones, aunque las orillas del lago Como y los puertos de la zona son las características principales de esta preciosa carrera. Como hemos apuntado, Milán fue inicio y final hasta 1961. Luego tanto el lugar de la salida como el de llegada han ido alterándose pues entre 1962 y 1984 la carrera fue de Milán a Como, luego entre 1985 y 1989 fue de Como a Milán. Más tarde, entre 1990 y 1994 se hizo de Milán al autódromo de Monza; de 1995 a 2001 se corrió entre Varese y Bérgamo; en 2020 de Cantu a Bérgamo; en 2003 de Como a Bérgamo; entre 2004 y 2006 se salió de la localidad suiza de Mendrisio para terminar en Como; y finalmente en 2007 se corrió entre Varese y Como.
De todas formas, independientemente de las ciudades de inicio y final, la carrera ha tenido como uno de sus símbolos la subida al Ghisallo, que se inicia en Bellagio y termina junto a la ermita de la Madonna del Ghisallo, protectora de los ciclistas y donde hay un pequeño museo con recuerdos ciclistas. Esta subida es bastante dura, por eso se dice que el Giro de Lombardía es el único de los monumentos ciclistas que tiene un verdadero puerto en su recorrido. Son 8,6 km de longitud, en los que se salva un desnivel de 532 metros a una media de algo más del 6% y con una pendiente máxima del 14%. Hay que tener en cuenta que la pendiente media engaña mucho, pues en la segunda mitad de la ascensión hay un largo tramo casi llano, que si lo descontamos, la pendiente media de los kilómetros en los que realmente se sube está entorno al 9%. Además de este puerto, en la carrera se ascienden otras dificultades orográficas, por lo que quien vence en Lombardía debe estar en buena forma para estas alturas de temporada.
Al disputarse la carrera poco después del Mundial, siempre es un atractivo más de la prueba ver al nuevo portador del maillot Arco Iris desenvolverse en este recorrido. Si el nuevo campeón no ha descuidado su entrenamiento, suele estar entre los favoritos. Hasta ahora han sido seis los corredores que han vencido en Lombardía estrenando maillot multicolor: Alfredo Binda, Tom Simpson, Eddy Merckx, Felice Gimondi, Giseppe Saronni, Oskar Camenzind y Paolo Bettini.
También la curiosidad nos puede llevar a comprobar quiénes han logrado vencer en la misma temporada en la Milán San Remo (primera gran clásica) y en el Giro de Lombardía (última). Esto nos lleva a encontrarnos con nombres conocidos, como Girardengo en 1921, Mara en 1930, Binda en 1931, Bartali en 1939 y 1940, Coppi en 1946, 1948 y 1949; Bobet en 1951 y Eddy Merckx en 1971 y 1972.
El récord de victorias en el Giro de Lombardía esta vez no va a parar a manos del “Caníbal”, sino que lo tiene el “campeonísimo” italiano Fausto Coppi, con cinco triunfos en 1946, 47, 48, 49 y 54. Luego viene otro italiano, Alfredo Binda, que ganó cuatro veces en 1925, 26, 27 y 31.
También pasó a la historia triste del ciclismo la descalificación de Eddy Merckx en 1973 por dar positivo en el control antidoping.
Lombardia para cicloturistas
El recorrido de la prueba cicloturista “Medio Fondo Giro di Lombardia”, que como la Milán San Remo forma parte de la Challenge de la Gazetta dello Sport, comparte los últimos 70 kilómetros y la subida al Ghisallo con la carrera profesional.
La salida y la llegada es en Como y se totalizan 113 kilómetros, que los cicloturistas recorren al día siguiente que los profesionales, con lo que el fin de semana es perfecto para disfrutar de esta parte de Italia y del mejor ciclismo.
En 2007 fueron 1.652 los cicloturistas que tomaron parte en este evento cicloturista y que pudieron sentirse como los grandes al final de la temporada.
Más información:
www.gazzetta.it/grandeciclismo
www.gazzetta.it/challenge
