sábado, 14 de febrero de 2009

Tardes de siesta


Como cada vez soy más vago, rebusco entre mis viejos escritos para no tener que escribir más, y recupero hoy una de mis columnas "Desde el Col del'Agonistic" que escribía para "Ciclismo a fondo" cuando esta revista era lo que era. En concreto este texto se publicó en el nº11 del especial "Cicloturismo a fondo" en septiembre de 1999 y lo escribí justo dos días antes de que nuestro querido Fernando Escartín, un ciclista correoso y sufridor donde los haya, ganara su etapa en el Tour de Francia de aquel año.


TARDES DE SIESTA

Por fin llegó el verano. Jornada intensiva en el trabajo, más tiempo para entrenar, nuevas marchas por conocer y tardes para sestear viendo el Tour por la tele.
Marcial llega a casa un mediodía con prisa para comer. Hoy es la etapa reina en el Tour y no hay que perderse ni un kilómetro pues puede haber cambios en la general.
Come rápido un buen plato de macarrones –mañana tiene previsto un último entrenamiento de fondo antes de acudir el fin de semana a una marcha importante- y un poco de pescado. De postre un yogur que se lo lleva al salón para encender la tele. Ya deben estar subiendo el Galibier y no es plan perderse una ascensión tan mítica.
Marcial acaba el yogur y se acomoda en su sofá con el mando en la mano. Sabe bien que a María, su mujer, no se le ocurriría cambiarle de canal en una etapa tan trascendental, pero, por si acaso, más vale mando en mano que ciento volando.
Los Pedros de "la 2" siguen con su rollete de todos los días: que si éste corredor va bien, que si el otro español puede mejorar su clasificación, etc. Pero Marcial no les hace mucho caso. Él es un aficionado entendido y ya ha subido el Galibier y el Alpe d’Huez en más de una ocasión. ¡Qué le van a contar a él estos dos! Todavía Perico, que ha sido uno de sus ídolos, puede; pero el bigotes que no se ha montado nunca en una bici, ¡venga ya! Le va a enseñar algo a él de ciclismo. Vamos hombre. Marcial sonríe y se estira un poco más en el sofá.
Meta a ochenta kilómetros. Unas dos horas largas de carrera todavía. Marcial coge el periódico para hojear un poco las páginas de deportes. Los españoles no van mal en la general y hoy es un día propicio para Escartín. "A ver si gana una etapa el hombre de una vez, que se la merece desde hace años", piensa en voz alta Marcial.
-¿Qué dices, churri?- pregunta María,
-Nada, nada, pichurri- contesta él, y sigue mirando el periódico con un ojo mientras con el otro intenta seguir la carrera.
Un ataque de un corredor italiano hace que instintivamente se le tensen los músculos de las piernas. Se acaricia los gemelos dándose un ligero masaje. Marcial se mira la pierna. Está orgulloso de su tono muscular, de su piel suave y morena, sin un solo pelo, que es la envidia de María, quien se tiene que depilar más veces que su marido. Mientras sigue las evoluciones de los grandes del Tour aprovecha para hacer un pequeño estiramiento del gemelo derecho, ya que últimamente le ha dado un poco de guerra en las salidas en bici.
La carrera vuelve a estar controlada y la ascensión sigue a ritmo. Marcial se esfuerza en recordar en qué parte de la ascensión están y de vez en cuando una curva o un paisaje le trae recuerdos de sus ascensiones a este gran puerto. ¡Cuánto daría por poder estar allí! Pero este año tiene trabajo y no ha podido tomarse unos días para ir al Tour. Lástima.
Marcial deja el periódico en la mesa y se repantiga en el sofá. Un largo bostezo le recuerda lo mal que ha dormido la pasada noche, pero no quiere echarse la siesta hoy. Hoy no, etapa reina. Es algo sagrado.
La carrera está a cuatro kilómetros de coronar la cima y Marcial piensa en el recorrido de la marcha que va a hacer el domingo. No es que sea muy dura, pero hay un puerto que le tiene un poco preocupado por los problemas del gemelo de la pierna derecha. Ya tiene montado en la bici un tercer plato y si ve que la pierna le da guerra no tendrá reparo en meterlo.
Otro bostezo. Marcial cruza los brazos y sin darse cuenta se le cierran los ojos. Está pensando en sus cosas y apenas se acuerda del Tour, de la etapa reina, de Escartín. Hace rato que no escucha lo que dicen los Pedros de "la 2", que nadie sabe cómo pueden aguantar tantas horas todos los días hablando sin parar y sin repetirse.
De repente algo cruza fugazmente por la mente de Marcial y abre los ojos. "Casi me duermo" piensa mientras ve a Escartín que sigue en el grupo bueno. Marcial ha dormido tan mal esta noche, y tiene que descansar para el entrenamiento de mañana. María sí que se ha dormido, pero a ella no le interesa demasiado el Tour, al contrario que a Marcial. Y es la etapa reina. No se puede dormir.
Se acaricia de nuevo el gemelo y se concentra en la carrera. Ya están coronando el Galibier y el descenso es siempre espectacular y hay que verlo por encima de todo. Marcial se acomoda en el sofá para estar más a gusto y no perderse nada. Es la etapa reina, y está Escartín bien situado.
-Marcial, ¿vamos a salir? -La voz de María le despierta de sopetón. En la tele no están Escartín, ni los Pedros, ni los Alpes. Marcial mira el reloj. Son las seis y media. La etapa ha terminado hace ya rato y no sabe ni quién ha ganado. Se pone en pie de un salto para ir a escuchar la radio y con el ímpetu se le sube la bola del gemelo derecho. El dolor es insoportable y se cae al suelo torciéndose el tobillo izquierdo. Adiós etapa reina, adiós entrenamiento, adiós marcha del domingo. Tardes de siesta.

(c) 1999. Javier Sánchez-Beaskoetxea

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