jueves, 9 de agosto de 2012

Su majestad el Stelvio

He pasado unos días en Italia de vacaciones con la familia y los he aprovechado para poner broche de oro a mi temporada cicloturista subiendo el Stelvio, un puerto que solo conocía por fotos y que me llamaba desde hacía tiempo.
Al organizar el viaje reservé dos noches en un Hotel junto a Pratto allo Stelvio, el pueblo donde comienza la subida por la vertiente de las famosas curvas de herradura del final. Luego busqué por internet para localizar alguna empresa o tienda de bicis que alquilara bicicletas de carretera y solo encontré una a unos 20 km del Hotel, pero que no me contestaban a mis emails, y una empresa que alquila bicicletas por toda Italia y que me llevaban la bici al Hotel, pero a un precio muy excesivo para un solo día y no me atreví a pagar tanto y que luego ese día hiciera mal tiempo.
Así que me arriesgué y llevé la ropa de bici, un chubasquero para bajar, las zapatillas y mis pedales con la esperanza de, una vez allí, encontrar alguna bici.
En el Hotel me dijeron que a 200 metros había una tienda que alquilaban bicis, pero solo eran de paseo. Pero me indicaron que en Pratto había una tienda de bicis que sí que alquilaban bicis de carretera. Fui rápidamente, porque temí que ya estuviera cerrada, pero tuve suerte y estaba abierta y además me dijeron que sí que me alquilaban una bici, y además por solo 15 euros al día. La tienda se llama Baldi Sport, por si vais por allí y necesitáis alquilar bicis.
Me dejaron una Giant TCR con Campagnolo Chorus con un compact 34x28, perfecta para subir el Stelvio. Me la ajustaron y me dejaron un casco. Además compré una gorra de Italia y un bidón con la foto de las curvas del Stelvio que iba a subir al día siguiente.
Por la mañana salí cargado de ilusión y comencé a subir con tranquilidad, pues llevaba diez días sin tocar la bici.
Al principio la subida es fácil, pero se va endureciendo poco a poco. El paisaje es cada vez más espectacular, y ya desde abajo se comienzan a ver los glaciares de los montes. Hacia la mitad comienzan las 48 "tornantes" (curvas de herradura) numeradas hasta llegar a la 1ª, la que ya da paso a la cima. Estas primeras curvas están en la parte más dura, dentro de un bosque y con pendientes de más del 15%. Luego, al salir a terreno más despejado, la pendiente suaviza y ya se empieza a ver el final, siempre y cuando la niebla no lo tape, como pasaba cuando yo llegué a esa altura. Por suerte (era mi día de suerte, por lo que se ve) al llegar arriba la niebla se fue y pude disfrutar del lugar y de las sensaciones de estar en un sitio que solo has visto en fotos y que es mítico en el ciclismo (ver este artículo de Patxi Vila en Pedalier).
Pasé un tiempo en la cima, sacando fotos, comprando un maillot y un pin, comiendo algo y tomando un café expresso. Luego sufrí en la bajada por el miedo en las curvas cerradas con tanto tráfico de coches y motos.
Por la tarde subí de nuevo en coche con mi mujer e hijo y en el camino nos cayó una tormenta de dar miedo. Pero, de nuevo la suerte, arriba paró de llover, despejó, y el paisaje estaba más bonito aún que a la mañana.
Fue un día inolvidable y un magnífico lugar para poner fin a una primera parte del año en la que he hecho retos bonitos de cicloturismo y he estado en lugares míticos del ciclismo, como Roubaix, Aremberg, Tourmalet, Stelvio,...
Ahora toca disfrutar de la segunda parte y añadir nuevos recuerdos e imágenes en el Maratón de New York el 4 de noviembre.










miércoles, 25 de julio de 2012

Tour 2012: preguntas

Tras pasar, como siempre, unos días en Pirineos viendo y disfrutando el Tour de Francia, me quedan unas preguntas en el aire:

¿Se ha notado la ausencia de Contador y de Andy Schleck o hubiese sido parecido el resultado final?
¿Por qué dicen que el ciclismo está en crisis y hay tantísima gente en todas las etapas?
¿Por qué el que gana siempre es sospechoso?
¿Por qué se hace público a la primera el "positivo" de Frank Schleck y se le saca -se le expulsa- de carrera si la UCI dice que es un producto genérico que puede que al final no tenga ni sanción? ¿No sería mejor no hacerlo público, que siguiera en carrera con normalidad, y esperar a ver si hay o no sanción?
¿Ha habido más peligro en las primeras etapas o se han notado más las caídas por la gente involucrada?
¿Se puede evitar el peligro en el ciclismo o es algo inherente a un deporte de riesgo y en el que lo que prima es correr más que los demás?
¿Se dan cuenta los que quieren más dureza en las etapas que es suficiente con la que hay al ver a Evans descolgándose en un puerto suave como el Aspin?
¿Por qué algunos corredores tras un escandalo de dopaje pueden redimirse volviendo a participar en el Tour y a otros no se les dio esa segunda oportunidad?
¿Por qué Wiggins no le dio vía libre en el final de Peyreagudes a Froome viendo que hubiese ganado la etapa y no hubiese peligrado su liderato?
¿Por qué el Radioshack dejó tirado a Zubeldia en esa etapa?
¿Seguirá Froome en el Sky?
¿Por qué había este año tan pocos gendarmes en las carreteras de los Pirineos? (Que conste que se agradeció).
¿Hemos animado lo suficiente a los supervivientes del Euskaltel-Euskadi? (Creo que sí).
¿Hemos animado lo suficiente a los supervivientes del Tour? (Que los que iban por detrás llevaban unas caritas...)
¿Se ha recuperado Cobo tras un año desastroso?
¿Se verá en 2013 al mismo Wiggins si todos los líderes corren el Tour sin problemas?
¿Por qué se dice que ha sido un Tour aburrido y cuando Indurain ganaba de forma similar era un Tour estupendo?
¿Ganará Sagan el Tour algún año?
¿Por qué se le tiene manía a un corredor de la talla de Voeckler?



domingo, 15 de julio de 2012

L'Etape du Tour: cuando lo duro es bajar.

Esta vez he sido rápido. Un día después de la marcha aquí está la crónica.


Cuando lo duro es bajar 

L'Etape du Tour Act II. Pau - Luchon. 14 de julio de 2012. Casi 200 km con Aubisque, Tourmalet, Aspin y Peyresourde. Más de 5.000 metros de desnivel. Mi tercer reto del año, tras la París - Roubaix y la Luchón - Bayona en un día. Los dos primeros retos superados con éxito. ¿Podré con el tercero?

Desde 1993 el Tour de Francia organiza con un éxito inigualable una fiesta para los cicloturistas poniendo su maquinaria y sus medios a trabajar en que una de las etapas de montaña de cada año se convierta en una marcha cicloturista. Bueno, antes era una etapa, pero a la vista del éxito desde 2011 organizan dos Etapas del Tour.

Este año se organizó una en los Alpes, el 8 de julio, entre Albertville y La Toussuire, y la segunda el 14 de julio entre Pau y Luchón, con el encadenamiento histórico de los puertos de los Pirineos, los mismo que en la Luchón Bayona pero en sentido inverso.

Pirineos. Tour de Francia. Leyenda y mito. ¿Qué mejor escenario para terminar mi trilogía cicloturista francesa de este año? Tenía que estar en la salida, y tenía que llegar a la meta de Luchón.

En "L'Etape du Tour" las dificultades comienzan a primeros de año. Por un lado es complicado el apuntarse, ya que son muchos miles los cicloturistas que quieren hacerla y no todos consiguen plaza. Por suerte, a través de nuestra revista Pedalier no tuve problema para que me invitaran como periodista. Así que primera dificultad vencida. La segunda es la logística. Iba a ir solo, y de la salida a la meta hay muchos kilómetros. Tuve suerte al encontrar un Hotel en Pau cerca de la salida, y pude conseguir plaza en los autobuses de regreso a Pau tras dejar el coche en Luchón el día previo. Todo listo. ya solo tenía que terminar la prueba para poder recoger el coche, claro.

Toda la semana previa atento a la Meteo francesa, que no anunciaba nada bueno. Por suerte, según llegaba el día parecía que no iba a hacer tan malo. El día previo hacía calor en Pau y el sábado de autos por la mañana no llovía y la meteo de la tele francesa decía que nubes por la mañana mejorando. Bueno, ni tan mal. Ahora la duda de siempre: ¿Con qué ropa salir? Si me abrigo mucho y luego sale el sol me cuezo en los puertos. Si llevo poca ropa y no levanta el tiempo me congelo en las bajadas.

Bueno. Ojalá el tiempo sea bueno, pero mi experiencia en Pirineos me dice que es mejor llevar ropa de sobra que pasar frío, así que me pongo unos botines finos de lluvia, y meto en la bolsa del manillar una chaqueta térmica, un chubasquero bueno y unos guantes largos. Espero no tener que usarlos, pero por si acaso ahí están.

A las 7 en punto dan la salida al primer grupo. Durante casi una hora iremos saliendo en grupos los 4.696 participantes, gente de todo el mundo, de Hawaii, de Singapur, de Ghana,... Tras los franceses los más numerosos son los británicos, y también hay muchos americanos y australianos, lo que se nota al hablar con la gente, ya que usas más el inglés que el francés. La Etapa es un evento internacional de primer orden. Había muchos más inscritos, pero parece que muchos no salen por diferentes razones. Es el problema de tener que hacer la inscripción en enero.

A las 7:20 me toca salir y afronto con calma los 35 km de llano que pica para arriba que nos dejará al pie del Aubisque. Tengo los abductores algo tocados todavía desde la Luchón Bayona y sé que forzar ahora supone ganar 10 minutos y comprar muchos boletos para que me den contracturas en el Tourmalet. Es mejor correr con cabeza que dejarte llevar por el corazón y coger la rueda de los muchos grupos que me pasan a toda velocidad.

De todas formas, lo bueno de La Etapa del Tour es que, al contrario de otras marchas famosas que siempre se hacen sobre el mismo recorrido, aquí la gente no va a mejorar su marca (salvo los primeros que salen a ganar la prueba) y eso se nota en que los pelotones ruedan rápido, pero sin peligro, y en las bajadas la gente toma más precauciones que en otras marchas. Además, la ruta está completamente cerrada al tráfico, y ni siquiera se ve un exceso de vehículos de la organización, por lo que todo el día ruedas sin estrés.

Sin gastar mucho llego a Laruns y comienzo a subir el coloso Aubisque, el primo pobre del Tourmalet, muy duro por esta cara. Pongo desde abajo el 34x27 y voy subiendo sin apretar. Tengo que conservar las piernas hasta el final. El objetivo solo es llegar a Luchón, me da lo mismo el tiempo.

Tras pasar Eaux-Bonnes el tiempo empieza a empeorar. Baja la temperatura y una llovizna fina nos empieza a calar. En Gourette, en el avituallamiento, me tomo un café y decido ponerme el chubasquero, ya que estamos a unos 10ºC y me estoy mojando. La bajada va a ser dura.

Llego arriba muy entero. No he forzado nada y me encuentro muy bien. Hace frío, 7ºC, y llueve. Empiezo a bajar y enseguida me doy cuenta que solo con el chubasquero me voy a congelar, así que me paro y me pongo también la chaqueta y los guantes. Al pasar los túneles de Litor, entre una niebla muy cerrada, casi voy tiritando. Miro a los que no llevan más que un chubasquero normalito, y otros ni eso. Me imagino lo mal que lo estarán pasando viendo lo mal que lo paso yo con la ropa que llevo.

En la corta subida del Soulor intento apretar para entrar un poco en calor. Sigo sufriendo en la bajada hacia Arrens, aunque por suerte abajo ya no llueve, aunque no me quito la ropa hasta Pierrefitte, muy pasado Argelés, donde ya me noto caliente de nuevo. La gente ya va sufriendo, porque muchos, me parece, no se esperaban este frío.

Al llegar a Luz tengo hambre, y decido invertir un rato en comer algo con más fundamento que geles y frutos secos, así que entro en el bar de la plaza y como un plato de arroz con pollo y ensalada. Ya más recuperado, y con calorcito incluso en el ambiente, empiezo a subir el Tourmalet. Parece que el día va levantando y puede que disfrutemos de un hermoso día en la cima. A ver.

De nuevo meto todo el desarrollo desde abajo y sin forzar las piernas voy dejando pasar los kilómetros. Tras Barèges paro un poco en el avituallamiento para coger agua. No nos meten por la ruta histórica de la Vía Fignon, sino por la nueva carretera de la Estación de esquí. Bueno. Mejor, ya que no había subido nunca por ahí. Aunque me da pena dejar a un lado mi ruta preferida.

A pocos kilómetros de la cima empieza a haber un poco de niebla y la temperatura

cae de nuevo. Esperemos que solo sea la niebla de la cima y que en la bajada levante el tiempo.

Llego junto a la estatua de la cima muy entero, pero hace frío y empieza de nuevo a caer una molesta llovizna. Me abrigo a tope y comienzo a bajar. Hasta La Mongie no se ve nada y la temperatura baja a 6º C. Estoy helado y el piso está muy peligroso. A la entrada de la estación las asistencias avisan del peligro, ya que todo el asfalto, además de mojado está cubierto de excremento de vaca esparcido por todos lados. Qué miedo.

Decido pararme a calentarme un poco y entro en un bar a tomar un café y a estirar el cuello y a recuperar las manos, que las tengo entumecidas. Luego sigo bajando y la llovizna en vez de parar se transforma en lluvia. En los túneles de abajo vuelvo a parar un ratito. Ya llegando a St. Marie de Campan deja de llover y el asfalto está seco. En el avituallamiento hay multitud de cicloturistas retirados dentro de los autobuses. El frío en bicicleta es algo muy duro y difícil de soportar, pero pienso como siempre en los que por salud no pueden ni siquiera tener la oportunidad de pasar frío en la bici. Por ellos debemos seguir.

Subiendo el Aspin voy calentándome de nuevo. Ya no parece que el día vaya a mejorar. A estas horas ya no. Y así es. Tanto en el Aspin como en el Peyresoude, aunque no llueve, la niebla y el frío nos acompañan en la bajada y llego a Luchón a las 19:20 medio congelado por la última bajada. Congelado pero muy contento. He terminado mi tercer reto y estoy muy satisfecho. Tengo hambre y es hora de cenar en Francia, así que sin cambiarme voy a un Restaurante de los de la céntrica calle de Luchón donde está la meta y ceno algo mientras veo llegar a los últimos participante, quienes, como yo, llegan con cara de frío y de alegría.

Ha sido un día muy duro. La Roubaix tuvo el dolor que te produce el pavés como principal dificultad. En la Luchón Bayona sufrí por el cansancio de tantas horas de bici, y hoy el frío ha sido la dificultad. Pero está bien así. El ciclismo es sufrimiento, como la vida, y aprendemos a superarlo.













domingo, 8 de julio de 2012

Luchon Bayona 2012

Con una semana de retraso os pongo mi crónica de la Luchón Bayona del 30 de junio. Saludos.

LUCHÓN BAYONA 2012 - MÁS QUE EL CÍRCULO DE LA MUERTE

"Long rides, short nights", esto me dijo un amigo mío holandés al comentarle que iba a hacer la larga brevet randonneur de montaña "Luchon - Bayonne" de un tirón. Rutas largas, noches cortas, sí, por lo que el sábado me toca madrugar por la mañana y trasnochar hasta la madrugada.

Si el periodista de L'Auto, Steines, no hubiera escrito aquel famoso telegrama en el que mintió a sabiendas sobre la bondad de la ruta del Tourmalet hoy no estaríamos aquí, porque a nadie en su sano juicio se le ocurriría organizar una marcha cicloturista de 320 km y de más de 5.000 metros de desnivel, pasando los más famosos puertos de los Pirineos.

Pero tenemos suerte, Steines mintió y el Tour introdujo la gran montaña en su recorrido en aquel lejano 21 de julio de 1910 y Octave Lapize pasó a la historia del ciclismo como ganador de aquella primera etapa "Luchon - Bayonne" y del Tour y por haber expresado su cabreo por la dureza salvaje de la etapa gritando "asesinos" a los organizadores en la cima del Aubisque, la puerta de salida del "Círculo de la muerte" como se conoció a partir de entonces al encadenamiento brutal de Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Soulor y Aubisque.

Ya el Tour no es tan hostil con los corredores, pero a la gente le gusta sufrir, y cada dos años, desde los años 30, el club Aviron Bayonnais organiza para los cicloturistas esta etapa. Antes alternaban el sentido de la ruta, como solía hacerlo el Tour de Francia, pero ya desde hace unos años, y por comodidad de los organizadores, siempre se hace en el sentido Luchón Bayona. También hay que decir que hasta 2007 se hacía en los años impares, pero que luego se cambió a los pares para que coincidiera con el centenario en 2010.

Y tras esta breve introducción sobre la historia de la marcha, veamos cómo me fue el pasado 30 de junio por las carreteras de la leyenda. 

Cerrando un círculo

Era la segunda vez que la S.C. Bilbaina organizaba un viaje a la Luchón Bayona. Unas 30 personas, entre socios y amigos, nos apuntamos al viaje. Dos de ellas, Javi Ortega y Marta Palacios, iban de acompañantes en las furgonetas, algo imprescindible, ya que si no la logística se complica mucho.

Todos los participantes iban a hacer la prueba en su versión "Touriste", es decir, en dos días, salvo yo, que estoy en un año en el que me he planteado retos importantes después de un par de años de problemas de salud. Por eso, uno de los objetivos de la temporada era terminar, como ya hice en 2003, la prueba en un solo día, en la versión "Randonneur". Era mi segundo reto de la temporada. El primero era terminar la París Roubaix cyclosportive (reto superado el 10 de junio); luego éste; y el 14 de julio tengo el tercer reto, que es terminar la Etapa del Tour cicloturista, que este año toca en su Acto II sobre el recorrido de la etapa Pau Luchón, que los corredores harán el 18 de julio y en la que subiré los mismo puertos que en la Luchón Bayona pero en sentido contrario; y para terminar el año y cerrar un círculo de pruebas míticas, el 4 de noviembre intentaré terminar el Maratón de Nueva York. Como veis, retos ambiciosos y muy motivadores.

El reto de la Luchón Bayona de un tirón es un reto asequible para un cicloturista medio si se ha podido entrenar fondo y puertos los meses anteriores, aunque no deja de ser una pequeña locura.

Y como se suele decir, cuanto más loca es la aventura, más cuerdo ha de ser el aventurero, por lo que me organicé de forma que los inconvenientes de la prueba fueran llevaderos. Así que me apunté al viaje como si la fuera a hacer en dos etapas, con mi habitación asegurada en Olorón por si tras el Aubisque veía que no estaba en condiciones de seguir hasta Bayona, o por si el tiempo fuera demasiado malo. Y a su vez, reservé una habitación en un Hotel en Bayona que podía cancelar incluso la misma tarde. Allí dejé mi coche con ropa y me incorporé al viaje de la S.C. Bilbaina.

Está bien salir a la aventura, pero a cierta edad hay que tener las espaldas cubiertas. Aunque eso significa que, a poco mal que vayas, las posibilidades de abandonar el reto sean mayores que si no tienes Hotel en Olorón, donde te espera una ducha caliente y una cama confortable. Pero es un riesgo que voy a correr. Confío en que mi motivación me empuje hasta Bayona y no caiga en la tentación de ser débil de moral.

Me levanto temprano el sábado para salir a las 7:00 en cuanto abran el control a los "touristes". El tiempo es bueno, algo cubierto y sin frío. Unos metros en Luchón para calentar y comienza la subida del Peyresourde. Subo sin novedad, intentando guardar fuerzas. En mayo, tras un Brevet de 200 km con mucho frío y mucha lluvia, una tendinitis casi me tuvo todo el mes parado, y eso lo noté en la París Roubaix, primer reto del año, en la que tuve fuertes contracturas por la falta de fondo. Espero que hoy no me pase lo mismo.

Pero a mitad del puerto empiezo a notar tirones en el abductor derecho. Bien empiezo. Más de 300 km de puertos por delante y en el kilómetro 7 ya tengo avisos de fatiga en las piernas.

Intentando guardar fuerzas termino el primer puerto y bajo tranquilo hasta Arreu, para empezar allí mismo el Aspin. Estos dos puertos, comparados con los dos siguientes son fáciles, pero en éstos se decide en parte cómo subirás los duros y cómo estarás tras el Aubisque.

Subo sin apretar charlando con varios grupos que me pasan y a los que paso. Hay muchos grupos de españoles, vascos y catalanes. Arriba, primer control, intento estirarme un poco las piernas, ya que noto la tensión muscular que no me da buenas sensaciones.

Bajo hasta el pie del Tourmalet y paro a tomar un café antes de empezar la ascensión. Justo allí me encuentro con dos conocidos riojanos que están entrenando por la zona.

Empiezo a subir el coloso.

Esta subida sí que me da respeto, sobre todo con la pierna tocada. Empieza con suavidad, y esto te puede hacer apretar sin querer, pero para cuando te das cuenta estás ya en rampas duras que ya no aflojan hasta el final, y ahí se ve si vas o no vas.

Yo no voy.

Noto tirantez en el muslo y aprovecho a mitad del puerto para parar a mear, a comer y a estirarme un poco. Luego sigo hasta arriba con malas sensaciones. Paso los túneles y la fea estación de esquí de La Mongie entre la niebla y llego a la última parte, la más dura, ya bajo el sol. Un tirón en la pierna me hace echar pie a tierra por primera vez. Estiro el músculo, le doy golpes y vuelvo a montar. Ya en el último kilómetro, al endurecerse la pendiente, me da un tirón más fuerte y me bajo de nuevo. Queda poco así que decido no arriesgar y subo con la bici en la mano hasta el control y hasta la cima.

Por primera vez en mi vida el Tourmalet me ha vencido.

Más de 300 kilómetros, muchas horas pedaleando y que Josemi me saque una foto en los pocos minutos que voy con la bici en la mano no tiene precio. Bueno. No me importa. Solo pienso en lo que me queda por delante y en si podré o no hacerlo. Por ahora no me resigno a parar en Olorón y confío en que tras el Aubisque pueda aguantar el dolor de la pierna al no tener que hacer trabajar tanto al músculo.

Tenía pensado comer en el Restaurante del Tourmalet, pero justo hoy no tienen la cocina abierta y decido bajar a Luz a comer allí. El descenso en seco es fácil, pero el cuello me empieza a protestar. Manos mal que abajo hace calorcito y descanso un buen rato mientras como una paella y ensalada.

Cuando reanudo la marcha, de los "touristes" de la Bilbaina solo han llegado los primeros. Confío en que la furgoneta de Javi me alcance antes de coronar el Aubisque, ya que allí necesito coger la ropa de frío y las luces para poder seguir de forma autónoma hasta donde llegue.

Entre Luz y Argelès hay un molesto viento en contra. Antes del Aubisque, en la plaza de Argelès, llenó el bidón de agua y bebo una cocacola. Comienzo la última gran subida del día, la más larga y pesada. Casi 30 km desde aquí hasta el Aubisque, que se dice pronto.

En los tramos más duros tengo que negociar con la pierna para que me deje seguir. La peor parte es entre Arrens y el Soulor. Subo despacio, pero aun así, en la única rampa dura de verdad que hay he de bajarme de la bici ya que la pierna me lo pide y no se lo puedo negar.

Sigo sin forzar hasta el control del Soulor. Del calor de Luz y del sol de Tourmalet hemos pasado a una ligera llovizna y a una temperatura bastante fresca.

Ni rastro de la furgoneta. Por suerte para mí, Josemi se ha adelantado con su coche hasta allí. Le digo que sigo hasta el bar del Aubisque, ya que me estoy quedando frío, y él baja en busca de la furgoneta para luego subirme mi mochila hasta arriba.

Atravieso esa maravilla en forma de carretera que es el Circo de Litor y tengo suerte, ya que la niebla aún no lo ha tapado, como hará poco después.

Sin forzar, para darle tiempo a Josemi a llegar, sigo hasta arriba y tengo mucha suerte, ya que al de unos minutos de coronar aparece y puedo coger la bolsa del manillar, las luces, ropa de abrigo y algo de comida.

La llovizna es cada vez más incómoda y la niebla se cierra. Me abrigo y empiezo a bajar con la esperanza de que tras dejar las montañas el tiempo mejore.

Salgo por tercera vez en mi vida del "Círculo de la muerte" y puedo decir que voy animado. Estoy seguro de que llegaré hasta Bayona, pero no sé cuándo. 

Como un lobo solitario

Tras bajar el puerto la lluvia no cesa. A ratos para, pero ya se ve que no va a mejorar el tiempo. Me quedan 160 km hasta Bayona, pero el terreno ya no es tan duro y, aunque llueve algo, no hace frío.

En Olorón paro a cenar en el Hotel donde tengo pagada mi cena y mi habitación (que ahora se la quedará Javi). Antes de reiniciar la marcha llegan los primeros de la S.C. Bilbaina. Los últimos deben estar aún por el Soulor. Madre mía.

Llueve y se va haciendo de noche, pero el terreno es cómodo, la pierna me aguanta, la ropa que llevo me calienta y la lesión de la rodilla de mayo no da señales de vida. Está bien así. Me duele el cuello pero voy contento. Unas horas más y todo superado. No dudo de que será así. Me acuerdo de los que quisieran estar aquí y la salud se lo impide. Es un placer poder ser capaz de estar aquí.

Ya de noche cerrada subo Osquich, último puerto, y paro en el control donde hay cuatro gatos. Aprovecho para tomar un último café en el bar y miro la hora por última vez. Las 11 de la noche. Poco después se me agotará la batería del Garmin, y no sabré en qué hora estoy ni los kilómetros que me quedan hasta llegar a la meta.

La bajada, mojada y con mis débiles luces, me da algo de miedo y tiro de frenos más de la cuenta, no como los que estaban en Osquich que me pasan a tumba abierta con unas luces que parecen de moto. En los repechos siguientes les voy cogiendo poco a poco, pero se me van en las bajadas y ya no les veré más.

Por momentos la lluvia arrecia, aunque a ratos para y me da un respiro. Lo peor es que cuando llueve más fuerte apenas veo la carretera porque la luz de mi frontal ilumina las gotas y solo veo rayas blancas cayendo delante de mi cara. Bajar los repechos con esta tensión me está destrozando el cuello.

Me estoy quedando dormido y me paro un momento a cubierto. Me quedaría a dormir un rato, pero estoy algo mojado y temo quedarme frío si me paro, así que sigo pedaleando tras un breve descanso.

Por fin se acaban los repechos y salgo ya a la carretera llana que me conduce directo a Bayona, siguiendo el río Adour. Llego al último control, por fin. Lo he logrado. Segundo reto superado. Son las 2:45. Qué tarde he llegado. Casi 20 horas desde que salí de Luchón hace ya tanto tiempo que me parece que fue hace semanas. Tengo un poco de hambre y como algo de chocolate. Hubiese preferido panceta recién frita, pero me dicen que "mañana". Qué pena.

Voy en bici hasta el Hotel y finalmente puedo hacer lo que estoy deseando desde hace horas: quitarme la ropa mojada, ducharme y tumbarme en la cama. Estoy muerto, pero lo he conseguido. La pena es que estoy tan cansado que ni siquiera me alegro de haber terminado por segunda vez la Luchón Bayona en un día, pero seguro que más adelante lo haré. Creo que se lo merece.














sábado, 16 de junio de 2012

Go Lance!

Go Lance!



A pocas semanas de comenzar un nuevo Tour de Francia vuelven los titulares del dopaje y del ciclismo. Una vez más el objetivo es Lance Armstrong.

Esto ya cansa. Al americano le han mirado hasta debajo de las alfombras. Nunca dio un positivo y todas las investigaciones iniciadas se han cerrado sin encontrar pruebas fehacientes de que se dopara.

En primer lugar Armstrong no era un mediocre antes de caer enfermo. Fue Campeón del Mundo con solo 21 años por delante de un Indurain en su plenitud como ciclista. Había ganado clásicas como la Flecha Walona y etapas en el Tour. Ya en sus primeros tiempos como triatleta en EE.UU. corría con los mayores porque se aburría de ganar a los de su edad. Vale, hacía trampas al falsificar su edad, pero no he visto a nadie que haga trampas para correr en desigualdad de condiciones. Los tramposos falsifican su edad para correr con los más pequeños y tener ventaja, no al revés.

Además, tras superar el cáncer, y que algún oncólogo me corrija si estoy equivocado, ya no es necesario tomar los medicamentos para que su empobrecida sangre se regenere.

Lo que sí está médicamente estudiado es que tras el cáncer Lance perdió la masa muscular que tenía de triatleta y que le lastraba en montaña, pero no perdió sus extraordinarias capacidades atléticas, con lo que su cuerpo regresó de la enfermedad más adaptado al ciclismo de grandes vueltas.

Estoy casi convencido de que todas estas nuevas acusaciones de la USADA no llegarán a nada, pero por ahora ya nos han fastidiado al privarnos de ver a uno de los mejores deportistas de la historia pelear por ganar el Ironman de Hawai, lo que sería una gesta legendaria y se vuelve a hacer daño al ciclismo.

Pero bueno, pensemos que hay algo de cierto detrás de estas nuevas acusaciones. Supongamos que Lance se hubiera dopado en aquellos años. Supongamos que le quitan sus siete Tours. ¿Sería esto bueno para el ciclismo? ¿Ganaría en credibilidad el ciclismo? Pues desde mi punto de vista no. Para que esos Tours quedaran como limpios habría que hacer los mismos análisis a los 3, 5, 10, 100,... primeros de la general. Si no, ¿cómo sabemos que los que quedaron segundos, terceros, cuartos,... no estaban también dopándose? Recordemos que eran años en los que había productos casi imposibles de detectar con los medios de entonces y muchos de los que acompañaron al americano en sus siete podios dieron positivo o fueron sancionados.

Y además, ¿por qué limitarse a analizar las muestras de Lance de aquellos años con los medios de ahora? ¿Por qué no hacer lo mismo con las muestras de todos los corredores del Tour y de las demás carreras desde la época en la que se empezaron a hacer controles?

Yo creo en un deporte limpio y exijo que se castigue a los que se dopan. Pero los controles y los castigos deben ser resueltos en un plazo razonable de tiempo y con los medios de cada año. O si no, ¿guardamos todas las muestras de las carreras de ahora y las analizamos de nuevo cada vez que salga un nuevo método de detección?

Lance Armstrong trajo al ciclismo nuevos medios de comunicación, nuevo público, nuevos patrocinadores. Es un ejemplo para millones de personas enfermas de todo el mundo. Ha recaudado más dinero para la investigación contra el cáncer que todas las fiestas de la banderita de todos los años.

¿Ganamos algo cuestionando una y otra vez sus grandes logros?

martes, 12 de junio de 2012

París Roubaix: el infierno más dulce



Miedo. Eso es lo que siento tras inspeccionar el último tramo de pavé el día previo. He leído y oído mucho sobre esta carrera y esta marcha, he visto muchas ediciones por la tele, he imaginado muchas veces lo que sería rodar por estas piedras legendarias y sentirlas en primera persona. Pero todo lo que me había imaginado no sirve para nada. Los 1.400 metros del pavé de Hem, que además no son de los peores, me enseñan la cruda realidad. Rodar por aquí en bicicleta es durísimo y es verdad que decir que es un infierno no queda muy alejado de lo que siento.

Mientras pedaleo estos pocos centenares de metros el miedo me atenaza. ¿Cómo voy a pasar mañana los más de 54 kilómetros totales de pavé? ¿Seré capaz de hacerlo? Terminamos el tramo y por primera vez desde hace muchos años me voy a enfrentar a una marcha cicloturista en la que no tengo nada claro que sea capaz de llegar a la meta, y eso me deja una sensación muy extraña y un tembleque por todo el cuerpo que no solo se debe a las piedras. Además, justo cuando estábamos terminando el tramo se ha puesto a llover y Aitor cae al suelo delante de mí estrepitosamente. El pronóstico para el domingo es de lluvia casi todo el día. Miedo, mucho miedo. Miedo a caerme, miedo a no terminar, miedo a sufrir.

Damos la vuelta para volver al Hotel y esta vez, con el pavés muy mojado, ruedo buscando la cuneta, que por lo menos este tramo la tiene y puedes esquivar lo peor. Mientras rodamos hacia el velódromo más famoso del mundo del ciclismo no sé qué pensar. Estoy confuso y nervioso por lo que he visto.

A la una de la mañana suena el despertador. Tenemos que salir temprano para coger el autobús de la organización que nos va a llevar a Bohain-en-Vermandois, donde nos darán la salida oficial. No llueve. Duermo algo en el viaje. Menos mal.

Amanece y el cielo no está demasiado amenazador. Cruzo los dedos. A las seis llegan los últimos amigos que han dormido en Bohain y empezamos a rodar. Solo tenemos 22 km hasta el primer tramo de pavés y quiero llegar pronto para quitar los temores y para empezar a sufrir cuanto antes. Si hay que pasarlo que sea rápido.

Se ha formado un bonito pelotón y cuando estamos ya cerca de este primer tramo de 2.200 m (y que lleva el nombre del gran Stablinsky) me voy a cola del grupo siguiendo las enseñanzas del gran Marino Lejarreta. No soy precisamente muy hábil en la bici y no quiero entrar de los primeros y provocar caídas a los que me tengan que pasar, que serán muchos, supongo.

Y por fin, ahí delante está el pavé. Es ligero descenso por lo que se entra rápido y la sensación al empezar a botar es brutal. Sé que es mejor coger el manillar por arriba, pero entonces las manos me quedan lejos del freno y el miedo me hace asir el manillar de las manetas. Sufro más, pero mantengo un ligero control sobre la velocidad y puedo evitar el acercarme demasiado a los que tengo delante. La sensación es horrible. Los botes de la bici me impiden pedalear con un mínimo de coordinación y las manos casi no pueden controlar el manillar. No quiero acercarme al de delante porque temo que si él tiene que hacer un giro brusco me caeré, y las piedras tienen pinta de ser muy duras.

Voy pasando los metros y ya he perdido a mis amigos. Empiezo a hacer cálculos y creo que si todos los tramos los paso así, quizás llegue a meta para cenar. De repente el tramo se bifurca y seguimos rectos, pero enseguida unos gritos nos avisan de que era para la izquierda. Retrocedo, cojo el camino bueno y al de poco salgo del pavé. De mis amigos la mayoría se han ido por la ruta mala. Es normal, vas rápido, te emocionas y tiras todo recto.

Me paro, veo que todo en la bici está en su sitio y decido seguir a mi ritmo. Viendo la velocidad con la que he pasado el pavé seguro que más adelante me dejará atrás todo el mundo.

A partir de ahora ya es una sucesión sin fin de tramos de pavés y tramos de asfalto. Ni me preocupo de mirar lo que queda para cada tramo ni lo que miden. Solo trato de rodar bien en el asfalto y pasar los pavés de la mejor manera posible. Increíblemente para mí, a partir del segundo tramo empiezo a disfrutar de los adoquines. Al tomarlos en grupos pequeños y ser más llanos puedo agarrar el manillar de arriba y controlar la velocidad sin miedo a caerme. Las cubiertas de 28 mm sin mucha presión y la doble cinta de manillar amortiguan bastante y aprendo rápidamente a rodar por el medio del pavés.

Tras cuatro tramos de pavé llego muy animado al primer control. La bici va bien y empiezo a ver que podré terminar esta marcha. Del control salimos todos los amigos juntos. Algunos ya van sufriendo más de lo que esperaban. La lesión de la rodilla que me ha tenido casi todo el mes de mayo parado me empieza a molestar, y como voy más cómodo con un desarrollo un poco duro, casi sin querer me empiezo a ir del grupo. Cojo un ritmo de crucero cómodo y voy entrando en los pavés con cada vez más confianza. Incluso en los tramos paso a mucha gente y ya no me da miedo ir pasando de la zona central a los costados para pasar a grupos y para buscar en cada tramo la mejor trazada.

No me lo creo pero estoy gozando con esto. Estoy haciendo la París Roubaix y estoy rodando fuerte en los pavés. La bici bota de manera alocada, las manos reciben mil golpes por minuto, la cabeza y la espalda suben y bajan con cada piedra que piso, es como intentar rodar fuerte mientras alguien te agarra de la bici y te zarandea como un loco. La velocidad es muy baja para el esfuerzo que estoy haciendo en un terreno llano. El pavés en llano, ya lo comprobé hace tres años en Flandes (aunque el de allí es bastante light), es como subir un repecho de más del 10% en plato grande en cuanto al esfuerzo. Pero hay que añadirle el sufrimiento del traqueteo y de los golpes que estás recibiendo todo el rato.

Y así, muy animado y creyéndome tocado por la varita mágica del dios Tom Boonen, llego al control de Aremberg. Sello la hoja de ruta, como algo, cojo agua y salgo hacia el bosque de Aremberg, uno de los tramos míticos.

Lo ves desde lejos porque es una recta muy larga y además hay público. Saco unas fotos y empiezo a rodar por el medio y me doy cuenta en pocos metros de por qué es tan famoso. Es mucho peor que los tramos anteriores.

No sé por qué se dice que los tramos son de pavé. Es mentira. El pavé son los tramos adoquinados que hay en algunos pueblos y ciudades. Son piedras, sí, pero colocadas con orden. En la París Roubaix las piedras no están colocadas con orden, sino que las pusieron tal y como las iban cogiendo. Pues bien. En Aremberg no es que estén mal puestas, es que las pusieron para hacer el mayor daño posible a los ciclistas. Es horrible. La bici bota de forma increíble y casi es imposible mantener la línea recta. Además, cada pocos metros hay baches en los que caben tres bicis y no sabes ni cómo pasarlos. Es verdad que paralelo hay un arcén muy bueno por el que rueda la mayoría de los participantes. Pero no he venido hasta aquí para no sentir Aremberg en mis propias carnes.

Voy pasando el tramo como puedo a menos de 15 km/h y tratando de entender cómo es posible que los profesionales rueden por aquí a más de 40 km/h. Hay que tener una fuerza sobrehumana para hacer eso.

Veo el final y me sorprendo. Me había hecho a la idea de que era mucho más largo. Han sido 2.400 metros en donde solo me ha faltado la lluvia para saber qué es exactamente la París Roubaix. Mejor no lo veo con lluvia. Creo que así ya es suficiente.

Sigo mi cabalgada y paso dos tramos más de pavés. Ya noto que las piernas no están tan fuertes pero fugazmente me viene a la cabeza el pensamiento de que ésta es mi marcha, de que es en la que más estoy disfrutando. Pero en mitad de un tramo de los duros, de los que no tienen arcén por el que aliviar de vez en cuando la agonía, un quiebro para evitar una caída me provoca una dolorosa contractura en el muslo derecho, me quedo tieso y cuando intento sacar el pie izquierdo me da otro tirón en la pierna izquierda. No me puedo bajar de la bici y cuando estoy a punto de dejarme caer sobre la hierba logro sacar el pie y bajarme de la bici.

El dolor es insoportable y lo peor es que me quedan 90 km hasta la meta. Este mes sin entrenar ha hecho que mis piernas me digan que solo estaban preparadas hasta aquí, que no más.

Hace poco vimos la foto del cuadro de la bici de Jens Voight en el que lleva la inscripción "Shut up legs" (callaos piernas). Tengo que hacerlas callar como sea. Me estiro un poco, tomo un gel y glucosa. Me doy puñetazos en la contractura. Y finalmente vuelvo a montar. Yo no llevo la misma inscripción que el bravo ciclista alemán, pero llevo las iniciales de Félix del que me acuerdo en los momentos duros.

Sigo adelante.

Ahora voy con mucho cuidado y despacio. El siguiente tramo lo paso en plato pequeño intentando guardar las piernas. Nuevo avituallamiento y me paro un poco más. Luego, en un bar en el camino, me tomo un café cargado de azúcar.

Los siguientes kilómetros de asfalto parece que me sirven para recuperar un poco las piernas y logro retomar un ritmo decente, pero ahora en cada tramo de pavés busco desesperadamente las cunetas, la hierba y cualquier lugar que haga la tortura más llevadera. La rodilla ya no me molesta, porque ahora todo mi dolor se concentra en el muslo y en las manos, en las que tengo varias rozaduras y ya no puedo asir el manillar con comodidad. Me quedan más de 50 km de sufrir, pero sea como sea sé que llegaré a la meta.

Los tramos de pavés de esta zona casi no tienen escapatoria y los afronto con resignación. Además, aunque sobre el papel son cortos, la realidad es que termina uno, cruzas una carretera y te metes en otro, así que apenas te dejan alivio para tus males, que a estas alturas ya son muchos.

En la cabeza ya empieza a sonar un nombre: el carrefour de l'Arbre, el último duro, el otro tramo mítico. Y a fe que no desmerece su fama. No tiene arcén y se hace muy largo. Sufro muchísimo en cada bote por las manos y porque ya no tengo apenas fuerzas. Ya no creo que ésta sea mi carrera, pero la voy a terminar. Cuando se acaba el carrefour de l'Arbre me saco una foto junto al famoso café que hay al final. Ahora vienen unos kilómetros de asfalto en los que me recupero un poco. Solo me queda el tramo de Hem, el que reconocimos el día anterior. Por lo menos sé que tiene un arcén y sé que es el último.

Lo paso con más pena que gloria y empiezo a saborear el placer de terminar una marcha en la que he sufrido tanto. No sé si será la carrera profesional más dura, pero desde luego es la más difícil de ganar.

Entro en Roubaix y accedo al velódromo. Se oye la campana y me emociono. Voy levantando el puño, como Boonen. Pero el bueno de Tomeke se lo enseñaba a su director y yo me lo enseño a mí mismo, a mi padre, que falleció hace dos meses, a mi amigo Javi, que falleció de forma repentina hace dos semanas, a mi familia, y a mi amigo Félix, cuyo nombre rueda conmigo en la bici. Soy tan feliz que quisiera llorar, pero no me salen las lagrimas, nunca lo hacen.

He conseguido terminar la París Roubaix y el orgullo y la satisfacción de haberlo hecho me acompañarán toda la vida. Según escribo esto aún me duelen las manos. Sé que se pasará pronto, pero, no sé, casi prefiero que no se me vaya este dolor.











jueves, 7 de junio de 2012

Paris Roubaix: allá voy

Bueno, pues que sea lo que tenga que ser. La rodilla parece que está mejor, pero en mayo he entrenado muy poco, casi nada. Solo en estos últimos días he podido apretar algo y hacer un día más de 100 km. Pero tiene que ser suficiente. Tengo que llegar al velódromo de Roubaix y ducharme allí, como tantos buenos ciclistas en el último siglo. Parece ser que va a llover. Sufriré más, pero el recuerdo y el orgullo de llegar a meta serán mayores. Pain is temporary, glory is for ever.

viernes, 18 de mayo de 2012

París Roubaix: una piedra en el camino

Nadie dijo que fuera a ser fácil. Desde antes de terminar el año pasado ya tenía decidido mi ambicioso plan de acabar esta temporada la París Roubaix Cyclo (que sería mi tercer monumento tras Flandes y Lieja), la Luchon Bayona (a ser posible en un día), "L'Etape du Tour" de Pirineos y en noviembre el Maratón de New York.
Hasta finales de marzo todo me iba bastante bien. Me encontraba en forma y, más o menos, había podido entrenar según lo previsto.
Pero abril fue un mes desastroso. Además de que llovió casi todos los días, fue el mes siguiente tras la muerte de mi padre, y entre unas cosas y otras los pocos días que puede entrenar lo hice con malas sensaciones, como sin fuerzas.
Pero por fin, el sábado 28 de abril terminé el Brevet de 200 km de la S.C. Bilbaina y milagrosamente me encontré muy bien durante los 200 km, a pesar de que llovió muchísimo y la temperatura no subió en todo el día de los 8ºC.
Al llegar a casa me dolía un poco la rodilla derecha (la buena, ya que la otra es la que tengo operada desde hace mucho). Al día siguiente hice un paseo en bici de una hora y me molestó un poco, pero ya el martes pude hacer 100 km con buenas sensaciones, aunque al forzar la última hora la rodilla se me resintió. Eso fue el 1 de mayo, y hasta hoy, 18 de mayo, sigo con dolores, casi sin poder entrenar y en manos del médico y del fisio.
Así que, si logro empezar a entrenar de nuevo la semana que viene me voy a presentar en Roubaix, que es el 10 de junio, con tres semanas de entreno tras tres semanas parado, y eso suponiendo que para la semana que viene esté ya sin dolores, que habrá que verlo. Menos mal que el fondo no se pierde en unas semanas.
En fin, una piedra en el camino para conseguir la ansiada piedra en el velodromo de Roubaix.
El deporte es como la vida, una carrera de obstáculos que hay que ir superando para llegar a la meta.

jueves, 19 de abril de 2012

Entrevista a Toni Garrido, de "Asuntos propios"

Un enlace muy interesante a una entrevista con el locutor Toni Garrido, del programa de las tardes de RNE, "Asuntos propios", uno de los mejores programas de radio que conozco, y ahora también presentador de "La nube", en La 2 de TVE.

http://www.jotdown.es/2012/04/toni-garrido-la-prueba-irrefutable-de-que-no-hay-que-recortar-en-educacion-es-la-clase-politica-espanola/

martes, 3 de abril de 2012

Panegírico a mi padre

Esto es lo que leí ayer en el funeral de mi padre. Creo que a él le hubiera gustado.


Ya sé que es lo que siempre se dice, pero nuestro padre era una buena persona, a más de uno nos costará llegar a su altura. Distante y serio a veces; divertido e ingenioso muchas veces; inteligente siempre. Nos enseñó muchas cosas, o trató de hacerlo al menos. Nos transmitió una buena cultura. Trató de inculcarnos sus creencias religiosas, con nulo éxito en algunos casos. Trató de traspasarnos su amor hacia Euskadi, con más éxito esta vez. Trató de enseñarnos a sufrir en silencio, o sea, a resignarnos, aunque no siempre lo lograra. Nos enseñó a estar a gusto en soledad. Pero sobre todo nos enseñó a mirar las cosas siempre de una forma diferente, con otros puntos de vista. 

Aunque su vida empezó con modestia, su trabajo nos permitió disfrutar de una cierta comodidad y todos sus hijos pudimos acceder a los estudios que elegimos. Pero nunca dejó de transmitirnos una mirada al mundo pensando en los que no tienen tanta suerte. Y no se trataba de una visión religiosa, sino de una visión ética de la justicia social. 

Estamos seguros de que nuestro padre fue feliz. Sus últimas palabras, ya con la cabeza ida y antes de perder definitivamente la conciencia fueron, y espero no escandalizar a nadie, "yo lo que quiero es follar". No se lo tomemos literalmente. Es una filosofía de vida que quiere decir, sencillamente, "yo lo que quiero es ser feliz". Intentemos hacerle caso.

Agur Aita. Beti egongo zara gure bihotzian.