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martes, 27 de noviembre de 2012

Resumen de una temporada maravillosa

Una año fantástico

Con la llegada a la meta del Maratón de San Sebastián este pasado domingo termino una temporada deportiva que ha sido fantástica para mí. Nuevas pruebas míticas terminadas, viajes de ensueño, revivir sensaciones de pasadas gestas, visita a lugares de leyenda,... Casi no tengo palabras para transmitiros todo lo que he sentido este año, así que lo haré con algunas fotos y breves apuntes a vuelapluma.
1 de enero. Como suele ser habitual, si hace buen tiempo, empezamos con las primeras pedaladas con algunos amigos de la S.C. Bilbaina. Gorliz y Cabo Villano suele ser nuestra primera excursión.
Entrenos en marzo ya más largos y con más fundamento. Aquí estoy en la bajada del precioso puerto de Orduña tras una mañana exigente.
 
10 de junio: primer objetivo del año, y uno de los más difíciles. La París Roubaix. Se me hizo muy dura por una lesión que me impidió llegar bien y que me dio guerra en la segunda mitad de la prueba. El pavés durísimo, nada que hubiese experimentado antes, ni siquiera en Flandes en 2009. Éste es el de Aremberg. Una salvajada. 
Sin duda una gran satisfacción el llegar a la meta.Ya lo dice el cartel del velódromo de Roubaix: "El infierno del norte conduce al paraíso", y es cierto, doy fe de ello. 
Bonita foto en la que se ve mi sufrimiento. No es el cansancio, es el dolor. Es una carrera única. 
Tras terminar el tramo de pavés que llega al Carrefour del'Arbre. El último tramo de los duros. Ya empiezo a recuperar la sonrisa. 
La ducha en el velódromo es un momento histórico. Merece la pena.
Y todo por una piedra. Si es que estamos un poco locos.
 
30 de junio: segundo desafío. La Luchón Bayona de un tirón. Casi veinte horas para 321 km con todos los puertos del Círculo de la Muerte. 
Sí. Tuve que echar pie a tierra en el Tourmalet. La lesión seguía dando guerra. Pero, qué importa, Octave Lapize también subió un rato a pie en 1910. 
Por ahora disfrutando de la luz del día y del sol. Después del Aubisque vino la lluvia y la soledad de la noche. Una gran sensación, aunque con cierta dureza. 
Primer paso por el Tourmalet del año. Por la vertiente de La Mongie. Siempre un instante emocionante.
Y todo por unos sellos...
 
 
14 de julio: tercer reto. La Etapa del Tour Pau Luchón. Antes de la salida inquieto por el nuevo reto que tenía por delante. 
Circo de Litor. Ya empezaba el sufrimiento por la lluvia y por el frío. Las bajadas fueron un infierno. 
Segundo paso por el Tourmalet del año. Esta vez por Luz pero por la estación de Bareges. 
En el Tourmalet siempre sonrío, aunque la temperatura sea de 6ºC. 
Y aquí, en el Peyresourde, sonreía más porque ya estaba cerca el final. 
Feliz tras la meta en Luchón. Doce horas de frío son como para estar contento de terminar. Y todo por una medallita.
 
En julio nueva visita al Tourmalet, con mi hijo y por Luz pero por la Vía Fignon, así he subido el Tourmalet el mismo año por sus tres variantes. 
En el Aspin, tras ver una de las etapas del Tour de Francia.

31 de julio. La guinda del pastel para poner fin a mi temporada de bici. El Stelvio
Un lugar para quedarse mucho rato.
Decir que el Stelvio es la carretera más hermosa del mundo quizás es quedarse corto.
 
 
20 de octubre: Medio Maratón nocturno de Bilbao. Era mi última preparación para el desafío final: El Maratón de New York.
 
 
Tras recoger el dorsal del Maratón de NY y antes de enterarnos de la cancelación de la carrera. 
4 de noviembre. Este era el gran día que iba a poner broche de oro a mi temporada. No pudo ser. Pero por lo menos corrí alrededor de Manhattan. 
Con el Empire State de fondo. 
Y todo por una medalla que ahora no me vale.
 
 
25 de noviembre. No pudo ser el maratón de NY, pero corrí el de San Sebastián con la camiseta de NY. (En SS es donde en 1997 hice mi mejor marca -3:39-). 
Contento por llegar a meta en 4:17. Pero no es lo mismo que terminar NY. El año que viene seguro que sí. 
Y última medalla del año. La verdad, un año increíble.

jueves, 9 de agosto de 2012

Su majestad el Stelvio

He pasado unos días en Italia de vacaciones con la familia y los he aprovechado para poner broche de oro a mi temporada cicloturista subiendo el Stelvio, un puerto que solo conocía por fotos y que me llamaba desde hacía tiempo.
Al organizar el viaje reservé dos noches en un Hotel junto a Pratto allo Stelvio, el pueblo donde comienza la subida por la vertiente de las famosas curvas de herradura del final. Luego busqué por internet para localizar alguna empresa o tienda de bicis que alquilara bicicletas de carretera y solo encontré una a unos 20 km del Hotel, pero que no me contestaban a mis emails, y una empresa que alquila bicicletas por toda Italia y que me llevaban la bici al Hotel, pero a un precio muy excesivo para un solo día y no me atreví a pagar tanto y que luego ese día hiciera mal tiempo.
Así que me arriesgué y llevé la ropa de bici, un chubasquero para bajar, las zapatillas y mis pedales con la esperanza de, una vez allí, encontrar alguna bici.
En el Hotel me dijeron que a 200 metros había una tienda que alquilaban bicis, pero solo eran de paseo. Pero me indicaron que en Pratto había una tienda de bicis que sí que alquilaban bicis de carretera. Fui rápidamente, porque temí que ya estuviera cerrada, pero tuve suerte y estaba abierta y además me dijeron que sí que me alquilaban una bici, y además por solo 15 euros al día. La tienda se llama Baldi Sport, por si vais por allí y necesitáis alquilar bicis.
Me dejaron una Giant TCR con Campagnolo Chorus con un compact 34x28, perfecta para subir el Stelvio. Me la ajustaron y me dejaron un casco. Además compré una gorra de Italia y un bidón con la foto de las curvas del Stelvio que iba a subir al día siguiente.
Por la mañana salí cargado de ilusión y comencé a subir con tranquilidad, pues llevaba diez días sin tocar la bici.
Al principio la subida es fácil, pero se va endureciendo poco a poco. El paisaje es cada vez más espectacular, y ya desde abajo se comienzan a ver los glaciares de los montes. Hacia la mitad comienzan las 48 "tornantes" (curvas de herradura) numeradas hasta llegar a la 1ª, la que ya da paso a la cima. Estas primeras curvas están en la parte más dura, dentro de un bosque y con pendientes de más del 15%. Luego, al salir a terreno más despejado, la pendiente suaviza y ya se empieza a ver el final, siempre y cuando la niebla no lo tape, como pasaba cuando yo llegué a esa altura. Por suerte (era mi día de suerte, por lo que se ve) al llegar arriba la niebla se fue y pude disfrutar del lugar y de las sensaciones de estar en un sitio que solo has visto en fotos y que es mítico en el ciclismo (ver este artículo de Patxi Vila en Pedalier).
Pasé un tiempo en la cima, sacando fotos, comprando un maillot y un pin, comiendo algo y tomando un café expresso. Luego sufrí en la bajada por el miedo en las curvas cerradas con tanto tráfico de coches y motos.
Por la tarde subí de nuevo en coche con mi mujer e hijo y en el camino nos cayó una tormenta de dar miedo. Pero, de nuevo la suerte, arriba paró de llover, despejó, y el paisaje estaba más bonito aún que a la mañana.
Fue un día inolvidable y un magnífico lugar para poner fin a una primera parte del año en la que he hecho retos bonitos de cicloturismo y he estado en lugares míticos del ciclismo, como Roubaix, Aremberg, Tourmalet, Stelvio,...
Ahora toca disfrutar de la segunda parte y añadir nuevos recuerdos e imágenes en el Maratón de New York el 4 de noviembre.










jueves, 3 de noviembre de 2011

Senderismo por Ordesa

El pasado puente de la fiesta de Todos los Santos estuve con mi familia unos días en el pueblo de Torla (Huesca), la entrada a la parte oeste del P.N. de Ordesa y Monte Perdido.
Aprovechamos la estancia para hacer tres bonitas rutas de montañismo (o senderismo, ya que no hicimos ninguna cima).
El primer día, aprovechamos lo que nos quedó de tarde tras el viaje para subir hacia la cascada del Circo de Cotatuero desde la Pradera de Ordesa. No pudimo llegar hasta las clavijas porque se hacía de noche, pero el paseo, además de algo duro por la pendiente, fue precioso.
Luego el domingo fuimos en coche por la pista hasta San Nicolás de Bujaruelo y desde allí completamos la dura ascensión hasta el Puerto de Bujaruelo, que por la vertiente francesa es el asfaltado Col de Bucharó (al que ya he subido en la bici alguna vez) pero que por la vertiente española es una durísima senda de montaña. Fueron cinco horas de caminata por un paisaje espectacular y con muy buen tiempo (salvo algo de frío arriba).
El lunes realizamos nuestra última excursión, también con buen tiempo, que fue la clásica ruta desde la Pradera de Ordesa hasta la cascada de la Cola de Caballo, en el Circo de Soaso, justo bajo el Monte Perdido. Otras cinco horas andando, pero por una senda mucho más llevadera que la del día anterior y con una caminata por el fondo del Valle de Ordesa que es una maravilla, con un paso por un bosque de hayas que en otoño es un verdadero cuadro lleno de color y una parte más alta por una pradera alpina enmarcada entre unas montañas preciosas. La imagen de la cascada de la Cola de Caballo es un broche final único. Además, este día pudimos ver dos grupos de rebecos, lo que siempre nos alegra la vista.
En fin, que nos quedamos con las ganas de volver y hacer otras rutas muy prometedoras por esa zona de Ordesa.